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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 6 de septiembre de 2026

La Autoridad que ordena el Centro Histórico... desde la banqueta

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La Autoridad que ordena el Centro Histórico... desde la banqueta
Hay metáforas que no se escriben: se estacionan. En el corazón peatonal del Centro Histórico, sobre República de Guatemala, ese tramo reservado por reglamento exclusivamente para los que caminan, amanece —según se documentó, como es costumbre— la camioneta del titular de la Autoridad del Centro Histórico, la dependencia cuya misión literal es ordenar y preservar la zona. Es decir: el encargado de que nadie invada el espacio peatonal lo inaugura cada mañana con su propia camioneta negra.

El vehículo lleva placas de uso particular, pero exhibe en el parabrisas un tarjetón que lo declara oficial, con un número de placas que —aquí la nota fina— no coincide con la matrícula que trae puesta. Un salvoconducto que funciona con la lógica del "porque yo lo digo": basta imprimir un papelito, ponerlo tras el cristal y convertir la banqueta en cajón reservado. Si un ciudadano intentara lo mismo, tendríamos grúa, corralón y una tarde perdida; si lo hace la Autoridad, tenemos jurisprudencia.

Uno entiende la tentación. Preservar el primer cuadro es agotador, y qué mejor forma de vigilarlo que teniéndolo bajo el retrovisor. Para qué caminar la zona que ordenas cuando puedes ocuparla. Para qué predicar el respeto al peatón cuando puedes demostrar, con carrocería, quién manda en la banqueta. La congruencia, en el servicio público capitalino, es un lujo que se cambia por comodidad y un tarjetón laminado.

Lo entrañable es el mensaje pedagógico para el resto de los mortales que trabajan y transitan por ahí: aprenderán que en el Centro Histórico las reglas tienen dos velocidades, la del que las firma y la del que las padece. Que la vía pública peatonal es de todos, pero unos son más "todos" que otros. Y que el número de placas de un vehículo oficial es un dato flexible, casi poético, sujeto a interpretación según quién lo mire.

Quede como monumento vivo del primer cuadro: no la Catedral, no Palacio Nacional, sino una camioneta sobre la banqueta con un papel que dice, en el fondo, "conmigo no". Que la restauren. Que le pongan placa correcta. Que, a lo mejor, alguien de la Autoridad la ordene. Aunque para eso, primero, tendría que bajarse.