Mil hectáreas para el caballo y un cuartito para el regio
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Nuevo León amaneció con un gesto de nobleza que nadie vio venir: se inauguró en Linares un santuario para caballos maltratados, encabezado por el secretario general de Gobierno, Miguel Ángel Flores. El espacio ofrece atención veterinaria, refugio y —aquí es donde uno suelta la taza de café— mil ciento diez hectáreas de libre pastoreo para los animales rescatados.
Empecemos por lo justo: rescatar caballos maltratados y darles una vida digna al aire libre es una causa hermosa, de esas que no admiten sarcasmo. Ningún caballo merece el maltrato y todos merecen su llanura. Bendito sea el proyecto y benditas las hectáreas. Punto.
Dicho eso, permítannos un instante de envidia interespecie. Mil ciento diez hectáreas. Para dimensionar: un caballo rescatado en este estado dispondrá ahora de más superficie de esparcimiento que tres generaciones juntas de una familia regia apretujada en un departamento de sesenta metros con estacionamiento para uno y medio. El equino tendrá pradera; nosotros tenemos wifi compartido y un balcón donde no cabe ni la ilusión.
Hay algo profundamente poético, y ligeramente cruel, en que la política pública más espaciosa de la semana sea inmobiliaria y sea para caballos. Mientras se debate el precio de la vivienda, la disponibilidad de agua y el eterno tema de que aquí crecer significa amontonarse, resulta que el que de verdad va a estirar las patas es el cuadrúpedo. Y con veterinario incluido, que es más de lo que muchos pueden decir de su acceso a la salud sin sacar cita con tres meses de anticipación.
Que conste: no pedimos que le quiten un metro al santuario. Al contrario. Proponemos, con toda humildad ciudadana, un programa gemelo. Si el caballo maltratado obtiene mil hectáreas, el regio maltratado por la renta, el tráfico y el clima merece al menos una fracción proporcional. Un santuario para humanos rescatados de la mensualidad, con libre pastoreo en Linares, aire fresco y la promesa de que nadie los va a desalojar.
Mientras eso llega, celebramos a los caballos y les deseamos lo mejor en su nueva vida de terratenientes. Se lo ganaron. Y si algún día abren visitas guiadas, ahí estaremos, del otro lado de la barda, mirando el pasto y preguntándonos en qué momento la mejor oferta habitacional del estado terminó siendo para quien relincha.
Empecemos por lo justo: rescatar caballos maltratados y darles una vida digna al aire libre es una causa hermosa, de esas que no admiten sarcasmo. Ningún caballo merece el maltrato y todos merecen su llanura. Bendito sea el proyecto y benditas las hectáreas. Punto.
Dicho eso, permítannos un instante de envidia interespecie. Mil ciento diez hectáreas. Para dimensionar: un caballo rescatado en este estado dispondrá ahora de más superficie de esparcimiento que tres generaciones juntas de una familia regia apretujada en un departamento de sesenta metros con estacionamiento para uno y medio. El equino tendrá pradera; nosotros tenemos wifi compartido y un balcón donde no cabe ni la ilusión.
Hay algo profundamente poético, y ligeramente cruel, en que la política pública más espaciosa de la semana sea inmobiliaria y sea para caballos. Mientras se debate el precio de la vivienda, la disponibilidad de agua y el eterno tema de que aquí crecer significa amontonarse, resulta que el que de verdad va a estirar las patas es el cuadrúpedo. Y con veterinario incluido, que es más de lo que muchos pueden decir de su acceso a la salud sin sacar cita con tres meses de anticipación.
Que conste: no pedimos que le quiten un metro al santuario. Al contrario. Proponemos, con toda humildad ciudadana, un programa gemelo. Si el caballo maltratado obtiene mil hectáreas, el regio maltratado por la renta, el tráfico y el clima merece al menos una fracción proporcional. Un santuario para humanos rescatados de la mensualidad, con libre pastoreo en Linares, aire fresco y la promesa de que nadie los va a desalojar.
Mientras eso llega, celebramos a los caballos y les deseamos lo mejor en su nueva vida de terratenientes. Se lo ganaron. Y si algún día abren visitas guiadas, ahí estaremos, del otro lado de la barda, mirando el pasto y preguntándonos en qué momento la mejor oferta habitacional del estado terminó siendo para quien relincha.