Jardines del Country estrena su tercer hoyo negro (y van dos semanas)
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Hay tradiciones tapatías inmortales: el tejuino, las tortas ahogadas y, desde hace unos días, el socavón quincenal de la avenida Enrique Díaz de León. En la colonia Jardines del Country se abrió el tercer hundimiento en menos de dos semanas, y no en puntos distintos para variar el paisaje, sino en el mismísimo cruce con la calle La Perpetua, como si la tierra estuviera empeñada en tragarse siempre el mismo pedazo de ciudad.
El agujero estrella midió alrededor de quince metros de largo, seis de ancho y dos y medio de profundidad; un boquete con vocación de alberca municipal. El SIAPA, por voz de su director Ismael Jáuregui Castañeda, ofreció la explicación más tranquilizadora posible: la infraestructura hidrosanitaria de la zona data, por lo menos, de los años cincuenta. Es decir, las tuberías que sostienen el barrio son más viejas que la mayoría de los vecinos que hoy las padecen. Arreglar el desaguisado costará entre 45 y 50 millones de pesos, cifra que suena a mucho hasta que uno la divide entre la cantidad de socavones que faltan.
Los colonos, que no estudiaron ingeniería pero saben contar hoyos, están comprensiblemente nerviosos. 'Nadie nos dice nada. Es el tercer socavón en el mismo lugar en menos de dos semanas. ¿Quién nos garantiza que nuestras casas están seguras?', preguntó Sonia González, vecina cuya vivienda queda a unos pasos del abismo. Buena pregunta, señora, aunque sospechamos que la garantía tiene la misma antigüedad que la tubería.
Las autoridades prometieron repararlo durante la semana, lo cual es reconfortante hasta que uno recuerda que también lo prometieron las dos veces anteriores. En Jardines del Country ya no preguntan si va a llover; preguntan por dónde se va a hundir la calle esta vez. Y con el pronóstico de más tormentas, el barrio vive el suspenso de un reality: cada mañana alguien se asoma a la ventana para revisar si el pavimento sigue en su lugar. Mientras tanto, la recomendación oficial —circular con precaución y buscar vías alternas— suena menos a plan de movilidad y más a instrucción de supervivencia.
El agujero estrella midió alrededor de quince metros de largo, seis de ancho y dos y medio de profundidad; un boquete con vocación de alberca municipal. El SIAPA, por voz de su director Ismael Jáuregui Castañeda, ofreció la explicación más tranquilizadora posible: la infraestructura hidrosanitaria de la zona data, por lo menos, de los años cincuenta. Es decir, las tuberías que sostienen el barrio son más viejas que la mayoría de los vecinos que hoy las padecen. Arreglar el desaguisado costará entre 45 y 50 millones de pesos, cifra que suena a mucho hasta que uno la divide entre la cantidad de socavones que faltan.
Los colonos, que no estudiaron ingeniería pero saben contar hoyos, están comprensiblemente nerviosos. 'Nadie nos dice nada. Es el tercer socavón en el mismo lugar en menos de dos semanas. ¿Quién nos garantiza que nuestras casas están seguras?', preguntó Sonia González, vecina cuya vivienda queda a unos pasos del abismo. Buena pregunta, señora, aunque sospechamos que la garantía tiene la misma antigüedad que la tubería.
Las autoridades prometieron repararlo durante la semana, lo cual es reconfortante hasta que uno recuerda que también lo prometieron las dos veces anteriores. En Jardines del Country ya no preguntan si va a llover; preguntan por dónde se va a hundir la calle esta vez. Y con el pronóstico de más tormentas, el barrio vive el suspenso de un reality: cada mañana alguien se asoma a la ventana para revisar si el pavimento sigue en su lugar. Mientras tanto, la recomendación oficial —circular con precaución y buscar vías alternas— suena menos a plan de movilidad y más a instrucción de supervivencia.