Celaya te regala internet, pero el camión sigue siendo de la época del wifi que no existía
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Bienvenidos al Bajío del futuro y del pasado al mismo tiempo, cortesía de dos noticias que, leídas en pareja, dibujan el retrato perfecto de la modernidad a la mexicana. Por un lado, Celaya presume 193 puntos de acceso a internet gratuito, parte del programa estatal 'Internet Libre para la Gente' que suma más de mil 452 sitios habilitados en todo Guanajuato: escuelas, hospitales, oficinas y plazas públicas conectadas para el disfrute ciudadano. Por otro lado, en el vecino Salamanca la mitad de las 280 unidades del transporte público circula superando su ciclo de vida de diez o quince años. El siglo XXI y el siglo pasado, viajando en la misma ruta.
El cuadro es de una poesía involuntaria difícil de superar. Imagine la escena: usted, ciudadano conectado, descarga megas gratis desde la plaza pública, revisa sus redes, manda un mensaje de voz de tres minutos, y todo eso mientras espera un camión que técnicamente ya tiene edad para sacar licencia y opinar de política. La velocidad de fibra óptica al servicio de una movilidad de tracción nostálgica. Nunca la humanidad había podido quejarse tan rápido de algo tan lento.
Porque seamos justos: el internet gratis es una buena noticia, de esas que conviene aplaudir sin sarcasmo. El detalle es la jerarquía de prioridades que revela. Primero conectamos, luego —tal vez, algún día, si el presupuesto y los santos lo permiten— renovamos las unidades en las que la gente de a pie se juega la puntualidad y la paciencia todos los días. Es la eterna tentación del gobierno moderno: entregar lo que se ve bien en la foto y en el tuit, y posponer lo que solo se nota cuando se descompone a media avenida.
Mención aparte, y aquí bajamos la guardia sarcástica, para el gesto celayense de duplicar a 600 mil pesos el apoyo a emprendedores con discapacidad, adultos mayores y cuidadores. Eso sí que merece reconocimiento sincero: ampliar el recurso porque llegaron más solicitudes es exactamente cómo debería funcionar un programa que sirve. Un punto para la ciudad.
Pero volvamos al contraste, que es lo nuestro. Mientras el estado se llena de módems, el pasajero promedio sigue rezando para que su camión de quince años arranque en la próxima esquina. Conectados a la nube, pero a bordo de la reliquia. Así es el progreso en el Bajío: llega por wifi, pero se sube al camión de siempre.
El cuadro es de una poesía involuntaria difícil de superar. Imagine la escena: usted, ciudadano conectado, descarga megas gratis desde la plaza pública, revisa sus redes, manda un mensaje de voz de tres minutos, y todo eso mientras espera un camión que técnicamente ya tiene edad para sacar licencia y opinar de política. La velocidad de fibra óptica al servicio de una movilidad de tracción nostálgica. Nunca la humanidad había podido quejarse tan rápido de algo tan lento.
Porque seamos justos: el internet gratis es una buena noticia, de esas que conviene aplaudir sin sarcasmo. El detalle es la jerarquía de prioridades que revela. Primero conectamos, luego —tal vez, algún día, si el presupuesto y los santos lo permiten— renovamos las unidades en las que la gente de a pie se juega la puntualidad y la paciencia todos los días. Es la eterna tentación del gobierno moderno: entregar lo que se ve bien en la foto y en el tuit, y posponer lo que solo se nota cuando se descompone a media avenida.
Mención aparte, y aquí bajamos la guardia sarcástica, para el gesto celayense de duplicar a 600 mil pesos el apoyo a emprendedores con discapacidad, adultos mayores y cuidadores. Eso sí que merece reconocimiento sincero: ampliar el recurso porque llegaron más solicitudes es exactamente cómo debería funcionar un programa que sirve. Un punto para la ciudad.
Pero volvamos al contraste, que es lo nuestro. Mientras el estado se llena de módems, el pasajero promedio sigue rezando para que su camión de quince años arranque en la próxima esquina. Conectados a la nube, pero a bordo de la reliquia. Así es el progreso en el Bajío: llega por wifi, pero se sube al camión de siempre.