El acuaférico cumple otro aniversario de 'ya merito' y promete llegar 'este año'
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Hay obras que se entregan y obras que se acompañan. El acuaférico de Morelia pertenece con orgullo a la segunda categoría. Esta semana, el organismo operador del agua anunció que, tras "varios retrasos", planea concluir "este año" la obra de 45 millones de pesos destinada a llevar agua a más de 100 colonias del norte de la ciudad, esas que llevan tanto tiempo esperando que ya le pusieron nombre a la tubería seca.
Seamos justos: "varios retrasos" es una de las expresiones más generosas del idioma. Cabe todo ahí dentro: los permisos, las lluvias, la falta de lluvias, el presupuesto, el cambio de administración, el otro cambio de administración y ese día que nadie encontró la llave de la bodega. Cuarenta y cinco millones de pesos dan para mucho asfalto de promesas, y el acuaférico los ha estirado con la elasticidad de un buen chicle.
Lo entrañable es la frase "este año", pronunciada con la seguridad del que ya la ha dicho otras veces y ha sobrevivido para contarlo. En Morelia, "este año" es menos una fecha y más un estado de ánimo, un horizonte que se recorre solito conforme uno se acerca. Las más de 100 colonias del norte lo saben bien: han aprendido a medir el tiempo no en meses, sino en cubetas, tambos y aguadores. Para ellas, el agua entubada es ese pariente que siempre avisa que ya viene en camino y llega para la próxima Navidad.
El objetivo de la obra es noble y nadie lo discute: agua para quien lleva años sin ella no es un lujo, es lo mínimo. Por eso duele que la noticia no sea el agua corriendo, sino la promesa de que correrá. Uno quisiera reportar la inauguración, el listón cortado, la primera colonia con presión decente; en cambio, reporta otra vez el verbo en futuro, ese tiempo gramatical donde la política mexicana se siente como en casa.
Ojalá esta vez sí. Ojalá que cuando termine el año, el acuaférico ya no sea un tema de columna satírica sino un caño con agua de verdad, y que en el norte de Morelia se olviden de estos textos porque andan demasiado ocupados abriendo la llave. Mientras tanto, guardamos el chiste en la alacena, junto a los tambos. Por si acaso "este año" resulta ser, otra vez, el que viene.
Seamos justos: "varios retrasos" es una de las expresiones más generosas del idioma. Cabe todo ahí dentro: los permisos, las lluvias, la falta de lluvias, el presupuesto, el cambio de administración, el otro cambio de administración y ese día que nadie encontró la llave de la bodega. Cuarenta y cinco millones de pesos dan para mucho asfalto de promesas, y el acuaférico los ha estirado con la elasticidad de un buen chicle.
Lo entrañable es la frase "este año", pronunciada con la seguridad del que ya la ha dicho otras veces y ha sobrevivido para contarlo. En Morelia, "este año" es menos una fecha y más un estado de ánimo, un horizonte que se recorre solito conforme uno se acerca. Las más de 100 colonias del norte lo saben bien: han aprendido a medir el tiempo no en meses, sino en cubetas, tambos y aguadores. Para ellas, el agua entubada es ese pariente que siempre avisa que ya viene en camino y llega para la próxima Navidad.
El objetivo de la obra es noble y nadie lo discute: agua para quien lleva años sin ella no es un lujo, es lo mínimo. Por eso duele que la noticia no sea el agua corriendo, sino la promesa de que correrá. Uno quisiera reportar la inauguración, el listón cortado, la primera colonia con presión decente; en cambio, reporta otra vez el verbo en futuro, ese tiempo gramatical donde la política mexicana se siente como en casa.
Ojalá esta vez sí. Ojalá que cuando termine el año, el acuaférico ya no sea un tema de columna satírica sino un caño con agua de verdad, y que en el norte de Morelia se olviden de estos textos porque andan demasiado ocupados abriendo la llave. Mientras tanto, guardamos el chiste en la alacena, junto a los tambos. Por si acaso "este año" resulta ser, otra vez, el que viene.