Zacapu se transforma 'como nunca antes', el adjetivo eterno de la política mexicana
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Si hubiera un salón de la fama para las frases de boletín municipal, la de esta semana entraría en primera votación. La presidenta municipal de Zacapu informó que el municipio avanza con obra pública que alcanza a más comunidades "como nunca antes". Tres palabras que, en la política mexicana, se usan con la misma frecuencia y la misma fe que el "salud" antes del brindis.
El "como nunca antes" es un clásico atemporal. Lo dijo el alcalde anterior, lo dirá el que venga, y probablemente lo dijeron los que fundaron el pueblo mientras cargaban la primera piedra. Es un superlativo cómodo, porque nadie tiene a la mano el archivo histórico para desmentirlo, y suena mucho mejor que "un poquito más que el año pasado, si Dios quiere y no llueve". La transformación, ya se sabe, se mide en adjetivos por metro cuadrado.
Como prueba de vida, el boletín ofrece un ejemplo concreto, y aquí hay que aplaudir de verdad: arrancó la pavimentación de una calle junto al jardín de niños y la telesecundaria de El Pueblito, para mejorar el tránsito y la seguridad de las familias, en especial de las niñas, niños y jóvenes que a diario recorren esa vialidad rumbo a clases. Eso sí importa. Una calle digna frente a una escuela vale más que diez discursos, y quien la construye merece el reconocimiento sin sarcasmo de por medio.
El detalle —siempre hay un detalle— está en el verbo "arrancó". En el idioma de los comunicados, "arrancar" una obra es un acto lleno de esperanza que no siempre termina en "concluir". Entre uno y otro se abre un valle donde han quedado varadas incontables máquinas amarillas de todo el país, con la retroexcavadora apuntando al futuro y el futuro tomándose su tiempo. Ojalá esta calle sea de las que llegan a la meta y no de las que se quedan a la mitad, decorando el paisaje con costales de cemento.
Así que buena suerte a El Pueblito y a su pavimento naciente. Que la calle se termine, que los chamacos lleguen secos y seguros a la escuela, y que el próximo boletín pueda decir, ya sin adjetivos, algo mucho más difícil de lograr que "como nunca antes": simplemente, "terminada".
El "como nunca antes" es un clásico atemporal. Lo dijo el alcalde anterior, lo dirá el que venga, y probablemente lo dijeron los que fundaron el pueblo mientras cargaban la primera piedra. Es un superlativo cómodo, porque nadie tiene a la mano el archivo histórico para desmentirlo, y suena mucho mejor que "un poquito más que el año pasado, si Dios quiere y no llueve". La transformación, ya se sabe, se mide en adjetivos por metro cuadrado.
Como prueba de vida, el boletín ofrece un ejemplo concreto, y aquí hay que aplaudir de verdad: arrancó la pavimentación de una calle junto al jardín de niños y la telesecundaria de El Pueblito, para mejorar el tránsito y la seguridad de las familias, en especial de las niñas, niños y jóvenes que a diario recorren esa vialidad rumbo a clases. Eso sí importa. Una calle digna frente a una escuela vale más que diez discursos, y quien la construye merece el reconocimiento sin sarcasmo de por medio.
El detalle —siempre hay un detalle— está en el verbo "arrancó". En el idioma de los comunicados, "arrancar" una obra es un acto lleno de esperanza que no siempre termina en "concluir". Entre uno y otro se abre un valle donde han quedado varadas incontables máquinas amarillas de todo el país, con la retroexcavadora apuntando al futuro y el futuro tomándose su tiempo. Ojalá esta calle sea de las que llegan a la meta y no de las que se quedan a la mitad, decorando el paisaje con costales de cemento.
Así que buena suerte a El Pueblito y a su pavimento naciente. Que la calle se termine, que los chamacos lleguen secos y seguros a la escuela, y que el próximo boletín pueda decir, ya sin adjetivos, algo mucho más difícil de lograr que "como nunca antes": simplemente, "terminada".