En Chihuahua no manda el miedo; la responsabilidad, esa sí anda desaparecida
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Hay frases que nacen para el bronce y otras para la playera. La gobernadora eligió el bronce: tras anunciar el desmantelamiento de un narcolaboratorio con capacidad para producir metanfetamina a gran escala en las inmediaciones de Parral, proclamó que "en Chihuahua no mandan los criminales. En Chihuahua no manda el miedo". Aplausos merecidos para la vigilancia aérea y la coordinación con las Fuerzas Armadas, que localizaron el sitio oculto entre la vegetación y lejos de zonas urbanas, como todo buen laboratorio que no quiere aparecer en el directorio.
El problema con las frases de bronce es que exigen estatua completa, y aquí a la estatua le falta una pieza clave: los responsables. Porque un laboratorio de ese tamaño no se arma con un termo y buena voluntad; requiere toneladas de precursores, infraestructura y, presumiblemente, alguien que firme la renta. Sin embargo, en el guion habitual, los criminales de carne y hueso siguen siendo un rol sin actor asignado.
Entonces entró la política a poner condimento. Un diputado federal del PAN salió a decir que atacan a la gobernadora justamente por haber golpeado esa instalación, a la que describió como una presunta "caja chica" para financiar campañas, y apuntó que el alcalde del municipio señalado ha permanecido, según él, al margen del asunto ante la opinión pública. Al margen: la posición más socorrida de la clase política mexicana, un lugar tan cómodo que ya deberían ponerle asientos reclinables.
Lo cierto, lo verificable, lo que sí quedó en imágenes aéreas, es el golpe operativo. Lo demás —quién mandaba ahí, para quién, con qué dinero— sigue en la nebulosa donde suelen extraviarse los nombres importantes. Que en Chihuahua no mande el miedo, perfecto. Ahora solo falta que tampoco mande la costumbre de que nadie, absolutamente nadie, resulte nunca el dueño del changarro.
El problema con las frases de bronce es que exigen estatua completa, y aquí a la estatua le falta una pieza clave: los responsables. Porque un laboratorio de ese tamaño no se arma con un termo y buena voluntad; requiere toneladas de precursores, infraestructura y, presumiblemente, alguien que firme la renta. Sin embargo, en el guion habitual, los criminales de carne y hueso siguen siendo un rol sin actor asignado.
Entonces entró la política a poner condimento. Un diputado federal del PAN salió a decir que atacan a la gobernadora justamente por haber golpeado esa instalación, a la que describió como una presunta "caja chica" para financiar campañas, y apuntó que el alcalde del municipio señalado ha permanecido, según él, al margen del asunto ante la opinión pública. Al margen: la posición más socorrida de la clase política mexicana, un lugar tan cómodo que ya deberían ponerle asientos reclinables.
Lo cierto, lo verificable, lo que sí quedó en imágenes aéreas, es el golpe operativo. Lo demás —quién mandaba ahí, para quién, con qué dinero— sigue en la nebulosa donde suelen extraviarse los nombres importantes. Que en Chihuahua no mande el miedo, perfecto. Ahora solo falta que tampoco mande la costumbre de que nadie, absolutamente nadie, resulte nunca el dueño del changarro.