Tonalá estrena atracción turística: un socavón de seis metros con vista al abandono
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La lluvia del lunes en la zona metropolitana dejó lo de siempre —encharcamientos, tráfico, gente empapada— pero en Tonalá dejó algo con verdadero potencial: un socavón de unos treinta metros de largo y hasta seis de profundidad en el cruce de Malecón y Tenacatita. No es un bache. Un bache es una travesura. Esto es una declaración de principios geológica.
Personal de Movilidad, Protección Civil y Bomberos acudió a delimitar el perímetro, que es la versión mexicana de cuidados intensivos: no se cura, pero se le pone cinta amarilla para que no se agrave. Y mientras el hoyanco de Tonalá posaba para las cámaras, en la colonia Americana los vecinos de Enrique Díaz de León temblaban ante la posibilidad de que aparezcan más hundimientos, porque el propio director del SIAPA reconoció que todo esto tiene que ver con la antigüedad de la red hídrica. Es decir, las tuberías ya tienen edad para votar, algunas para jubilarse.
Uno entiende la lógica presupuestal. El subsuelo no sale en fotos de inauguración, no lleva listón, no aplaude en un informe de gobierno. Reparar una tubería de hace medio siglo no da nota; da, en el mejor de los casos, un tuit sobrio. En cambio, cortar el listón de la ampliación de la carretera a Chapala —esa que durará nueve meses y promete vialidad sin baches por veinte años, según nos prometieron también hace veinte años— eso sí llena el ojo.
Así que aquí estamos, celebrando obras que veremos en 2027 mientras esquivamos abismos que tenemos hoy. Propongo que el gobierno le saque provecho al asunto y monte un tour: 'Los Grandes Cráteres del Área Metropolitana', con guía, casco y seguro de vida opcional. Cobrando la entrada, a lo mejor hasta alcanza para arreglar la tubería. Aunque, conociendo la costumbre, el dinero recaudado se anunciará con bombo para una obra que se entregará, con suerte, en el próximo sexenio.
Personal de Movilidad, Protección Civil y Bomberos acudió a delimitar el perímetro, que es la versión mexicana de cuidados intensivos: no se cura, pero se le pone cinta amarilla para que no se agrave. Y mientras el hoyanco de Tonalá posaba para las cámaras, en la colonia Americana los vecinos de Enrique Díaz de León temblaban ante la posibilidad de que aparezcan más hundimientos, porque el propio director del SIAPA reconoció que todo esto tiene que ver con la antigüedad de la red hídrica. Es decir, las tuberías ya tienen edad para votar, algunas para jubilarse.
Uno entiende la lógica presupuestal. El subsuelo no sale en fotos de inauguración, no lleva listón, no aplaude en un informe de gobierno. Reparar una tubería de hace medio siglo no da nota; da, en el mejor de los casos, un tuit sobrio. En cambio, cortar el listón de la ampliación de la carretera a Chapala —esa que durará nueve meses y promete vialidad sin baches por veinte años, según nos prometieron también hace veinte años— eso sí llena el ojo.
Así que aquí estamos, celebrando obras que veremos en 2027 mientras esquivamos abismos que tenemos hoy. Propongo que el gobierno le saque provecho al asunto y monte un tour: 'Los Grandes Cráteres del Área Metropolitana', con guía, casco y seguro de vida opcional. Cobrando la entrada, a lo mejor hasta alcanza para arreglar la tubería. Aunque, conociendo la costumbre, el dinero recaudado se anunciará con bombo para una obra que se entregará, con suerte, en el próximo sexenio.