La tubería no se rompió: alcanzó su libertad
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Hay noticias que se cuentan solas y otras que se desmienten solas. La de esta semana pertenece a la segunda categoría: la Secretaría de Desarrollo Urbano y Movilidad salió a aclarar que NO se rompió ninguna tubería durante las obras del Morebús en Madero Poniente. Lo aclaró con tal énfasis que ahora todos sabemos que había una tubería y que algo le pasó. En comunicación pública, eso se llama «gol en propia puerta con acta notarial».
La versión oficial es hermosa: se trata de «modernizaciones» de la red hidráulica a lo largo de quince kilómetros, obra pluvial pensada para que Madero Poniente deje de convertirse en río cada temporada de lluvias. Noble propósito. El detalle es que, para modernizar el desagüe, primero hay que abrir la calle; y para construir el carril confinado, también. Así que el vecino de la Poniente vivirá el raro privilegio de ver su avenida intervenida «de manera paralela», que es el eufemismo con el que la burocracia describe hacer dos hoyos donde cabía uno.
Uno agradece la sinceridad de fondo: reconocer que Morelia se inunda es el primer paso. El segundo, por lo visto, es rebautizar la fuga como «frente de obra» y el charco como «prueba de carga del sistema». Si el agua brota, no es que falló el tubo: es que el tubo está expresando su verdad antes de la modernización.
La titular de la dependencia, María Elena Huerta Moctezuma, insiste en que todo marcha conforme avanzan las excavaciones y que las necesidades se atienden «en cada frente de obra». Traducido al idioma del peatón: cada cuadra tendrá su propia sorpresa. Lleve botas.
Que quede claro, para no caer en la maldad gratuita: modernizar la red pluvial de una ciudad que se ahoga cada julio es exactamente lo que hay que hacer. El problema no es la obra, es el guion. Porque cuando una dependencia dedica más energía a desmentir una tubería que a explicar el calendario de los trabajos, el ciudadano entiende dos cosas: que la tubería importó, y que el calendario, como el agua, sigue sin salir por donde debería.
Morelianos: la modernización viene en camino. El camino, eso sí, estará cerrado.
La versión oficial es hermosa: se trata de «modernizaciones» de la red hidráulica a lo largo de quince kilómetros, obra pluvial pensada para que Madero Poniente deje de convertirse en río cada temporada de lluvias. Noble propósito. El detalle es que, para modernizar el desagüe, primero hay que abrir la calle; y para construir el carril confinado, también. Así que el vecino de la Poniente vivirá el raro privilegio de ver su avenida intervenida «de manera paralela», que es el eufemismo con el que la burocracia describe hacer dos hoyos donde cabía uno.
Uno agradece la sinceridad de fondo: reconocer que Morelia se inunda es el primer paso. El segundo, por lo visto, es rebautizar la fuga como «frente de obra» y el charco como «prueba de carga del sistema». Si el agua brota, no es que falló el tubo: es que el tubo está expresando su verdad antes de la modernización.
La titular de la dependencia, María Elena Huerta Moctezuma, insiste en que todo marcha conforme avanzan las excavaciones y que las necesidades se atienden «en cada frente de obra». Traducido al idioma del peatón: cada cuadra tendrá su propia sorpresa. Lleve botas.
Que quede claro, para no caer en la maldad gratuita: modernizar la red pluvial de una ciudad que se ahoga cada julio es exactamente lo que hay que hacer. El problema no es la obra, es el guion. Porque cuando una dependencia dedica más energía a desmentir una tubería que a explicar el calendario de los trabajos, el ciudadano entiende dos cosas: que la tubería importó, y que el calendario, como el agua, sigue sin salir por donde debería.
Morelianos: la modernización viene en camino. El camino, eso sí, estará cerrado.