Se busca doble de la presidenta (ya no, gracias)
Tamaño de letra
En el catálogo de razones por las que a un político le cae encima el hacha, esta merece un marco: la senadora morenista Simey Olvera fue removida de la Mesa Directiva del Senado y, según fuentes consultadas, el movimiento se atribuye a que llevó a una doble de la presidenta a un evento que protagonizó en su natal Hidalgo hace un par de semanas. El escaño pasó a otra legisladora del mismo partido, y aquí no pasó nada… salvo el bochorno.
Una doble. En pleno siglo XXI, con transmisiones en vivo, verificación en segundos y un país entero pendiente del teléfono, alguien pensó que la solución para amenizar el acto era conseguir una parecida. Y lo más tierno: por un momento, funcionó lo suficiente como para armar el evento. Uno entendería una figura de cartón, un holograma, hasta un buen retrato al óleo. Pero la ambición de traer a una persona de carne y hueso a hacer las veces de la mandataria tiene un nivel de audacia que casi merece respeto.
El mensaje político, eso sí, quedó clarísimo. En otras latitudes se destituye por corrupción, por moches o por un mal manejo de recursos; aquí, aparentemente, basta con un exceso de creatividad escénica. La lealtad tiene sus formas, y disfrazar el homenaje con una imitación no era, se ve, la interpretación correcta del guion.
Queda la moraleja, útil para cualquier aspirante: en política, la originalidad se paga, pero la falsificación se paga más caro. Y a la próxima que alguien quiera lucirse en su tierra, mejor que invite a la titular de verdad o, de plano, se conforme con un buen sonido, mariachi y sillas suficientes. Porque en este oficio, el que se pasa de listo termina siendo, él mismo, el suplente.
Una doble. En pleno siglo XXI, con transmisiones en vivo, verificación en segundos y un país entero pendiente del teléfono, alguien pensó que la solución para amenizar el acto era conseguir una parecida. Y lo más tierno: por un momento, funcionó lo suficiente como para armar el evento. Uno entendería una figura de cartón, un holograma, hasta un buen retrato al óleo. Pero la ambición de traer a una persona de carne y hueso a hacer las veces de la mandataria tiene un nivel de audacia que casi merece respeto.
El mensaje político, eso sí, quedó clarísimo. En otras latitudes se destituye por corrupción, por moches o por un mal manejo de recursos; aquí, aparentemente, basta con un exceso de creatividad escénica. La lealtad tiene sus formas, y disfrazar el homenaje con una imitación no era, se ve, la interpretación correcta del guion.
Queda la moraleja, útil para cualquier aspirante: en política, la originalidad se paga, pero la falsificación se paga más caro. Y a la próxima que alguien quiera lucirse en su tierra, mejor que invite a la titular de verdad o, de plano, se conforme con un buen sonido, mariachi y sillas suficientes. Porque en este oficio, el que se pasa de listo termina siendo, él mismo, el suplente.