Torneo de aura en la Catedral: Morelia por fin cotiza lo intangible
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Que quede asentado para la historia moderna de Michoacán: llegó el día en que el aura tiene precio de mercado, y cotiza en diez mil pesos. Un creador de contenido costarricense convocó a sus seguidores a una "batalla de aura" frente a la Catedral de Morelia, este viernes a las tres de la tarde, con premio en efectivo para los participantes más destacados y entrega personal de galardones. La dinámica, nos explican con seriedad de boletín oficial, es "viral" y está "orientada al humor y la interacción digital". Menos mal que lo aclararon, porque a simple vista uno podría confundirlo con la asamblea vecinal promedio.
Detengámonos en la genialidad geográfica del asunto. No lo convocaron en un parque, ni en un estacionamiento, ni en un antro: lo convocaron frente a la Catedral, el edificio donde generaciones de morelianos han ido a pedir salud, trabajo y que baje el precio del gas. Ahora, en ese mismo atrio, la juventud competirá por ver quién tiene mejor vibra. Es la transición espiritual perfecta: del milagro gratuito al concurso remunerado. San Judas Tadeo tomando nota.
Y no es que uno esté en contra de la alegría; faltaba más. En un estado donde las noticias oscilan entre boletines de seguridad y pleitos de partido, que lo más comentado de la semana sea un torneo de buenas energías es, honestamente, un respiro. El problema no es el aura: el problema es la comparación involuntaria. Diez mil pesos por posar con carisma frente a la Catedral, en la misma ciudad donde la autoridad reconoce atender cerca de dos mil baches diarios. Uno empieza a sospechar que el modelo económico michoacano recompensa mejor flotar que caminar.
Habrá quien diga que es solo entretenimiento y que no hay que buscarle tres pies al gato. De acuerdo. Pero permítannos el gusto malsano de imaginar la escena: turistas llegando al Centro Histórico, cámara en mano, esperando cantera rosa y catrinas, encontrándose con una multitud de jóvenes emanando carisma competitivo por una bolsa en efectivo. Patrimonio de la Humanidad, capítulo inesperado.
Así que este viernes, mientras unos midan su aura frente a la Catedral, el resto de los mortales seguirá esquivando cráteres en el asfalto con un aura mucho más humilde: la del que llega tarde al trabajo pero llega. Ánimo, Morelia. Si el carisma paga, quizá algún día también pague la puntualidad del camión.
Detengámonos en la genialidad geográfica del asunto. No lo convocaron en un parque, ni en un estacionamiento, ni en un antro: lo convocaron frente a la Catedral, el edificio donde generaciones de morelianos han ido a pedir salud, trabajo y que baje el precio del gas. Ahora, en ese mismo atrio, la juventud competirá por ver quién tiene mejor vibra. Es la transición espiritual perfecta: del milagro gratuito al concurso remunerado. San Judas Tadeo tomando nota.
Y no es que uno esté en contra de la alegría; faltaba más. En un estado donde las noticias oscilan entre boletines de seguridad y pleitos de partido, que lo más comentado de la semana sea un torneo de buenas energías es, honestamente, un respiro. El problema no es el aura: el problema es la comparación involuntaria. Diez mil pesos por posar con carisma frente a la Catedral, en la misma ciudad donde la autoridad reconoce atender cerca de dos mil baches diarios. Uno empieza a sospechar que el modelo económico michoacano recompensa mejor flotar que caminar.
Habrá quien diga que es solo entretenimiento y que no hay que buscarle tres pies al gato. De acuerdo. Pero permítannos el gusto malsano de imaginar la escena: turistas llegando al Centro Histórico, cámara en mano, esperando cantera rosa y catrinas, encontrándose con una multitud de jóvenes emanando carisma competitivo por una bolsa en efectivo. Patrimonio de la Humanidad, capítulo inesperado.
Así que este viernes, mientras unos midan su aura frente a la Catedral, el resto de los mortales seguirá esquivando cráteres en el asfalto con un aura mucho más humilde: la del que llega tarde al trabajo pero llega. Ánimo, Morelia. Si el carisma paga, quizá algún día también pague la puntualidad del camión.