El milagro bipartidista: se ponen de acuerdo… para dejar a Agua y Drenaje sin cambio
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En la política regia ocurren pocos milagros, así que hay que celebrar este: por una vez, bancadas rivales votaron en el mismo sentido. Lo triste es para qué. El pleno debía decidir si tumbaba el veto del gobernador al decreto que buscaba que Agua y Drenaje y otros organismos públicos se libraran del impuesto verde. Para superar el veto hacían falta 28 votos. Juntaron 26. Movimiento Ciudadano votó en contra y el veto sobrevivió intacto.
Detengámonos en la ironía fina: el organismo que nos debe el agua tendrá que seguir pagando el impuesto pensado para castigar a quien contamina. Agua y Drenaje, esa institución que reparte tandeos como estampitas, ahora también reparte su presupuesto con la tesorería estatal. Lógica pura: si no hay agua, que al menos no haya cambio.
Lo verdaderamente épico es la foto. Ver a tricolores, panistas y morenistas coincidir en un mismo dictamen es más raro que un aguacero en agosto que dure. Y coincidieron, sí, pero para dejar las cosas exactamente donde estaban. En Nuevo León hasta el consenso sale caro: cuando por fin se ponen de acuerdo, es para que no cambie nada.
La Comisión de Presupuesto había aprobado antes el dictamen por mayoría, lo que hace todo más gracioso: se cocinó con esmero un platillo que el pleno, a la mera hora, no se quiso comer. Mientras tanto, la ciudadanía observa el juego de vetos, contravetos y votos que no alcanzan con la misma emoción de quien ve cómo se le vacía el tinaco: sabe cómo termina, pero no puede dejar de mirar.
Quedará para los manuales de civismo local esta lección: en el Congreso, lo difícil no es pelearse. Lo difícil es ponerse de acuerdo para algo útil. Para lo demás, siempre hay 26 manos levantadas.
Detengámonos en la ironía fina: el organismo que nos debe el agua tendrá que seguir pagando el impuesto pensado para castigar a quien contamina. Agua y Drenaje, esa institución que reparte tandeos como estampitas, ahora también reparte su presupuesto con la tesorería estatal. Lógica pura: si no hay agua, que al menos no haya cambio.
Lo verdaderamente épico es la foto. Ver a tricolores, panistas y morenistas coincidir en un mismo dictamen es más raro que un aguacero en agosto que dure. Y coincidieron, sí, pero para dejar las cosas exactamente donde estaban. En Nuevo León hasta el consenso sale caro: cuando por fin se ponen de acuerdo, es para que no cambie nada.
La Comisión de Presupuesto había aprobado antes el dictamen por mayoría, lo que hace todo más gracioso: se cocinó con esmero un platillo que el pleno, a la mera hora, no se quiso comer. Mientras tanto, la ciudadanía observa el juego de vetos, contravetos y votos que no alcanzan con la misma emoción de quien ve cómo se le vacía el tinaco: sabe cómo termina, pero no puede dejar de mirar.
Quedará para los manuales de civismo local esta lección: en el Congreso, lo difícil no es pelearse. Lo difícil es ponerse de acuerdo para algo útil. Para lo demás, siempre hay 26 manos levantadas.