El Pase Turístico: la bienvenida regia que pide registrarse antes de saludar
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Nada dice te queremos aquí, visitante como pedirte que te registres antes de entrar. El Pase Turístico, obligatorio para vehículos foráneos a partir del 21 de octubre, se presenta oficialmente como una herramienta para fortalecer el control vehicular, la seguridad y el orden vial. Suena impecable en el folleto. El problema es que los vecinos no lo leyeron como folleto, sino como caseta con otro nombre.
El primero en levantar la mano fue el gobernador de Coahuila, que cuestionó la constitucionalidad del esquema y preguntó, con toda la mala leche institucional del mundo, qué va a pasar con los miles de personas que cruzan a diario entre Saltillo y la zona metropolitana para trabajar, ir al doctor, estudiar, comerciar o tomar un vuelo en el aeropuerto de Monterrey. Buena pregunta para un trámite que, nos aseguran, es gratuito y en línea. Porque si algo tranquiliza al automovilista es la palabra gratis seguida de la palabra registro obligatorio.
Aquí conviene recordar la geografía sentimental del norte: Saltillo y Monterrey son prácticamente colonias vecinas separadas por un tramo de carretera y un orgullo mutuo. Pedirle a un saltillense que se dé de alta para venir a comer cabrito es como cobrarle cover a la visita que llega cada domingo. Puede que sea legal, puede que sea gratis, pero se siente rarito.
El Instituto de Control Vehicular insiste en que todo es por el orden y la seguridad. Y quizá tenga razón técnica. Pero en el imaginario colectivo, un requisito nuevo para circular rara vez se lee como bienvenida; se lee como pretexto. Nuevo León, tierra de puertas abiertas, previa cita.
Mientras los juristas debaten si el pase pasa la prueba constitucional, el foráneo promedio hará lo que siempre hace: sacar el trámite a regañadientes y seguir manejando. Al final, la hospitalidad regia es genuina. Solo que ahora viene con formulario.
El primero en levantar la mano fue el gobernador de Coahuila, que cuestionó la constitucionalidad del esquema y preguntó, con toda la mala leche institucional del mundo, qué va a pasar con los miles de personas que cruzan a diario entre Saltillo y la zona metropolitana para trabajar, ir al doctor, estudiar, comerciar o tomar un vuelo en el aeropuerto de Monterrey. Buena pregunta para un trámite que, nos aseguran, es gratuito y en línea. Porque si algo tranquiliza al automovilista es la palabra gratis seguida de la palabra registro obligatorio.
Aquí conviene recordar la geografía sentimental del norte: Saltillo y Monterrey son prácticamente colonias vecinas separadas por un tramo de carretera y un orgullo mutuo. Pedirle a un saltillense que se dé de alta para venir a comer cabrito es como cobrarle cover a la visita que llega cada domingo. Puede que sea legal, puede que sea gratis, pero se siente rarito.
El Instituto de Control Vehicular insiste en que todo es por el orden y la seguridad. Y quizá tenga razón técnica. Pero en el imaginario colectivo, un requisito nuevo para circular rara vez se lee como bienvenida; se lee como pretexto. Nuevo León, tierra de puertas abiertas, previa cita.
Mientras los juristas debaten si el pase pasa la prueba constitucional, el foráneo promedio hará lo que siempre hace: sacar el trámite a regañadientes y seguir manejando. Al final, la hospitalidad regia es genuina. Solo que ahora viene con formulario.