Cuatro mil millones de ojos y ninguno miró al cielo
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La noche del miércoles Ciudad Juárez presenció dos espectáculos simultáneos. El primero, protocolario: la gobernadora Maru Campos inauguró la Torre Centinela, obra insignia de su administración, con una inversión superior a los cuatro mil millones de pesos, banda de guerra, honores al lábaro patrio y una lluvia de pirotecnia que iluminó piso por piso los veintiún niveles del edificio. "Así se cumple a Juárez, nadie lo había hecho", declaró. El segundo espectáculo, no programado: una tormenta eléctrica que, casi a la par del último cohete, dejó calles inundadas, postes caídos y apagones en media ciudad.
Hay algo poéticamente cruel en que el mismo centro de mando que presume nueve mil cámaras, setenta y cinco drones e inteligencia artificial de punta no haya podido hacer lo que cualquier abuela con reuma anticipa: que se venía el agua. La Torre promete vigilar cada rincón del estado en tiempo real, pero la primera noche no vio venir el charco debajo de su propio balcón. Protección Civil, con presupuesto infinitamente menor, sí emitió la alerta preventiva. A veces la tecnología más confiable sigue siendo mirar por la ventana.
El detalle fino está en la contabilidad. El contrato, firmado en 2022 y asignado de manera directa a la empresa Seguritech, ascendió a cuatro mil 709.8 millones de pesos. Al cierre del segundo trimestre de este año, al Gobierno del Estado le restaba saldar al menos 457.5 millones. Es decir: la obra ya se declaró terminada al cien por ciento, pero la cuenta sigue corriendo, con pagos calendarizados "hasta concluir la administración". Inaugurar con deuda pendiente tiene su gracia: es como estrenar coche sin haber terminado de pagar el enganche y aun así invitar a todos a dar la vuelta.
La ceremonia también dejó ver que la alta tecnología no resuelve los cortocircuitos políticos. El alcalde con licencia Cruz Pérez Cuéllar había calificado la torre de "mugrero"; el panismo respondió que los mugreros son otros. Y el gobierno municipal, simplemente, no asistió. Cuatro mil millones en coordinación operativa y las autoridades de distinto color todavía no coordinan ni quién se sienta a la mesa. La Torre Centinela lo verá todo, dicen. Ojalá que, de pasada, también aprenda a ver el pronóstico del clima.
Hay algo poéticamente cruel en que el mismo centro de mando que presume nueve mil cámaras, setenta y cinco drones e inteligencia artificial de punta no haya podido hacer lo que cualquier abuela con reuma anticipa: que se venía el agua. La Torre promete vigilar cada rincón del estado en tiempo real, pero la primera noche no vio venir el charco debajo de su propio balcón. Protección Civil, con presupuesto infinitamente menor, sí emitió la alerta preventiva. A veces la tecnología más confiable sigue siendo mirar por la ventana.
El detalle fino está en la contabilidad. El contrato, firmado en 2022 y asignado de manera directa a la empresa Seguritech, ascendió a cuatro mil 709.8 millones de pesos. Al cierre del segundo trimestre de este año, al Gobierno del Estado le restaba saldar al menos 457.5 millones. Es decir: la obra ya se declaró terminada al cien por ciento, pero la cuenta sigue corriendo, con pagos calendarizados "hasta concluir la administración". Inaugurar con deuda pendiente tiene su gracia: es como estrenar coche sin haber terminado de pagar el enganche y aun así invitar a todos a dar la vuelta.
La ceremonia también dejó ver que la alta tecnología no resuelve los cortocircuitos políticos. El alcalde con licencia Cruz Pérez Cuéllar había calificado la torre de "mugrero"; el panismo respondió que los mugreros son otros. Y el gobierno municipal, simplemente, no asistió. Cuatro mil millones en coordinación operativa y las autoridades de distinto color todavía no coordinan ni quién se sienta a la mesa. La Torre Centinela lo verá todo, dicen. Ojalá que, de pasada, también aprenda a ver el pronóstico del clima.