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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Chihuahua • Nota • 10 de septiembre de 2026

El INE se pinta de lila: adiós al rosa, bienvenida la crisis de identidad

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El INE se pinta de lila: adiós al rosa, bienvenida la crisis de identidad
El Instituto Nacional Electoral anunció que cambiará de piel: su color predominante dejará de ser el rosa mexicano —que lucía desde hace catorce años— para convertirse en lila. Lo informó la consejera presidenta Guadalupe Taddei, quien explicó que la decisión "impactará en el historial del Instituto" y evitará que alguna organización política retome los tonos del organismo electoral. Un argumento técnico, cromático y absolutamente inocente.

Que nadie piense mal. Que a nadie se le cruce por la cabeza el flamante partido Somos, nacido del movimiento de la "Marea Rosa", que justamente adoptó el rosa como bandera. La consejera, cuidadosamente, no lo mencionó. Y sin embargo ahí quedó la coincidencia, flotando en el aire como globo de quince años: el árbitro electoral decide soltar el rosa justo cuando el rosa empieza a tener dueño partidista. Pura casualidad del Pantone.

El gesto tiene su encanto de cambio de look en plena crisis de la mediana edad. Catorce años de rosa mexicano, un color que era casi marca registrada del padrón, de las boletas, de las mamparas y de los spots, y de pronto se opta por el lila, ese primo discreto que no se compromete ni con el rosa ni con el morado. Reinventarse antes de los comicios de 2027 nunca está de más; hasta las instituciones necesitan su temporada de terapia y clóset nuevo.

Lo curioso es el timing. El anuncio llega en los mismos días en que el INE vive su propio torbellino interno: la renuncia sorpresiva de su secretaria ejecutiva, consejeros que se enteraron por fuera, un nuevo encargado de despacho cercano a la presidencia y la duda, ventilada por Morena, de si le aprobarán todo el presupuesto que pidió para 2027. En medio de ese oleaje, el gran titular bien pudo ser el color de las mamparas. A veces lo más fácil de cambiar es la fachada.

Al final, el ciudadano de a pie seguirá yendo a votar, marcará su boleta y mojará su pulgar en tinta indeleble sin importar si el cartel es rosa, lila o verde limón. El color es lo de menos cuando lo que se juega es la credibilidad. Pero si de elegir tonos se trata, ojalá el INE le dedique la misma energía a transparentar sus decisiones que a combinar su nueva paleta. El lila se ve bien; la confianza se vería mejor.