Nada es lo que parece (y el iPhone tampoco se dobla gratis)
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Amaneció lloviendo en Guadalajara —otra vez— y con media ciudad convertida en canal veneciano de bajo presupuesto, uno pensaría que la gran noticia sería el agua. Pero no: en el país entero la palabra de moda fue 'simulación', y la repitieron tanto que ya suena a producto con IVA.
En el Senado, Lilly Téllez y el PRI coincidieron en algo insólito: que la salida de Enrique Inzunza de la bancada de Morena y la renuncia de Adán Augusto López a la coordinación son puro teatro. Según esta versión, los señores se fueron... pero se quedaron. Renunciaron al cargo, no al poder, que es la única jubilación en México donde sigues cobrando en influencia. Es el equivalente político a decir 'ya no vivo aquí' mientras sigues usando el baño, la cocina y el control de la tele. Todos juran que en Morena no hay divisiones; lo repiten con tanta angustia en los ojos que ya parece rezo. Carlos Loret, mientras tanto, documentó una guerra abierta rumbo al 2027 donde, según los propios morenistas, estar cerca de la Presidenta es garantía... de que no te den la candidatura. Que en tu propio partido te cuiden como al primo que no invitas a la carne asada porque pone raro el ambiente.
Aquí en Jalisco tuvimos función propia. En los informes de los alcaldes naranjas apareció, de invitado, el exgobernador Emilio González Márquez. Nadie sabe si le tomó cariño al color naranja o si anda estrenando chamba de asesor rumbo a la intermedia. Lo que sí sabemos es que un panista de cepa sentado entre emecistas es la clase de reconciliación que solo ocurre en las bodas incómodas y en la antesala de una elección.
Y hablando de continuidad: Juan José Frangie presentó su quinto informe en Zapopan y agradeció la confianza a lo largo de cuatro administraciones —dos como jefe de gabinete, dos como alcalde—. Traducción: lleva tanto en el poder municipal que ya debería aparecer en las escrituras del palacio. En Zapopan no hay alternancia, hay pagos a plazos.
La alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, aportó la frase institucional del día: los proyectos no salen de ocurrencias, sino del diálogo. Preciosa, digna de placa. Ojalá el diálogo incluya también al arroyo El Garabato, que anoche se desbordó en Zapopan y metió agua a una docena de casas, y al socavón del malecón de Vallarta, que lleva semanas creciendo como suscripción que se te olvidó cancelar. Porque una cosa es dialogar con la ciudadanía y otra es dialogar con la lluvia, que no asiste a los Martes Comunitarios ni respeta el presupuesto participativo.
En el frente internacional, Donald Trump propuso rebautizar el estrecho de Ormuz como Estrecho Trump, porque nada dice grandeza como ponerle tu apellido a un pedazo de mar que no es tuyo. Es el mismo gobierno que, por boca de Marco Rubio, ve carteles controlando vastas regiones de México: entre bautizar océanos ajenos y diagnosticar territorios ajenos, la Casa Blanca anda ocupadísima arreglando todo menos el precio de su propia gasolina.
De regreso a lo doméstico, el Ejército anunció que en el desfile del 16 de septiembre marchará un perro robot. Perfecto. En un país donde a los perros de carne y hueso los abandonan por miles, el gobierno consigue uno que no come, no ladra y no pide aguinaldo. Ya nada más falta que también dé el Grito y nos ahorramos la ceremonia.
Como cereza tecnológica, Apple trajo a México el iPhone Duo, su primer plegable, en hasta 77,999 pesos: hay teléfonos que cuestan más que un coche usado y la remodelación del baño juntas. Se dobla a la mitad, igualito que tu quincena apenas la ves.
Y cerramos con arqueología accidental: en Cuernavaca hallaron una estatua de Hernán Cortés a caballo, abandonada, mientras construían un corralón municipal. Final poético para el conquistador: terminar en el lugar donde México guarda lo que choca, lo que no paga tenencia y lo que nadie reclama. Cortés, al fin, arraigado en un corralón. La historia sí tiene sentido del humor; lo que le falta es presupuesto.
En el Senado, Lilly Téllez y el PRI coincidieron en algo insólito: que la salida de Enrique Inzunza de la bancada de Morena y la renuncia de Adán Augusto López a la coordinación son puro teatro. Según esta versión, los señores se fueron... pero se quedaron. Renunciaron al cargo, no al poder, que es la única jubilación en México donde sigues cobrando en influencia. Es el equivalente político a decir 'ya no vivo aquí' mientras sigues usando el baño, la cocina y el control de la tele. Todos juran que en Morena no hay divisiones; lo repiten con tanta angustia en los ojos que ya parece rezo. Carlos Loret, mientras tanto, documentó una guerra abierta rumbo al 2027 donde, según los propios morenistas, estar cerca de la Presidenta es garantía... de que no te den la candidatura. Que en tu propio partido te cuiden como al primo que no invitas a la carne asada porque pone raro el ambiente.
Aquí en Jalisco tuvimos función propia. En los informes de los alcaldes naranjas apareció, de invitado, el exgobernador Emilio González Márquez. Nadie sabe si le tomó cariño al color naranja o si anda estrenando chamba de asesor rumbo a la intermedia. Lo que sí sabemos es que un panista de cepa sentado entre emecistas es la clase de reconciliación que solo ocurre en las bodas incómodas y en la antesala de una elección.
Y hablando de continuidad: Juan José Frangie presentó su quinto informe en Zapopan y agradeció la confianza a lo largo de cuatro administraciones —dos como jefe de gabinete, dos como alcalde—. Traducción: lleva tanto en el poder municipal que ya debería aparecer en las escrituras del palacio. En Zapopan no hay alternancia, hay pagos a plazos.
La alcaldesa de Guadalajara, Verónica Delgadillo, aportó la frase institucional del día: los proyectos no salen de ocurrencias, sino del diálogo. Preciosa, digna de placa. Ojalá el diálogo incluya también al arroyo El Garabato, que anoche se desbordó en Zapopan y metió agua a una docena de casas, y al socavón del malecón de Vallarta, que lleva semanas creciendo como suscripción que se te olvidó cancelar. Porque una cosa es dialogar con la ciudadanía y otra es dialogar con la lluvia, que no asiste a los Martes Comunitarios ni respeta el presupuesto participativo.
En el frente internacional, Donald Trump propuso rebautizar el estrecho de Ormuz como Estrecho Trump, porque nada dice grandeza como ponerle tu apellido a un pedazo de mar que no es tuyo. Es el mismo gobierno que, por boca de Marco Rubio, ve carteles controlando vastas regiones de México: entre bautizar océanos ajenos y diagnosticar territorios ajenos, la Casa Blanca anda ocupadísima arreglando todo menos el precio de su propia gasolina.
De regreso a lo doméstico, el Ejército anunció que en el desfile del 16 de septiembre marchará un perro robot. Perfecto. En un país donde a los perros de carne y hueso los abandonan por miles, el gobierno consigue uno que no come, no ladra y no pide aguinaldo. Ya nada más falta que también dé el Grito y nos ahorramos la ceremonia.
Como cereza tecnológica, Apple trajo a México el iPhone Duo, su primer plegable, en hasta 77,999 pesos: hay teléfonos que cuestan más que un coche usado y la remodelación del baño juntas. Se dobla a la mitad, igualito que tu quincena apenas la ves.
Y cerramos con arqueología accidental: en Cuernavaca hallaron una estatua de Hernán Cortés a caballo, abandonada, mientras construían un corralón municipal. Final poético para el conquistador: terminar en el lugar donde México guarda lo que choca, lo que no paga tenencia y lo que nadie reclama. Cortés, al fin, arraigado en un corralón. La historia sí tiene sentido del humor; lo que le falta es presupuesto.