El panteón estaba listo; solo le faltaba quién lo atendiera (y dos años)
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Hay frases que merecen enmarcarse. La exalcaldesa interina de Bahía de Banderas, Lía Castro, salió a defender el panteón municipal de San Juan de Abajo —inaugurado apenas ahora, casi dos años después de que ella dejó el cargo— y aclaró que el asunto nunca fue de papeleo ni de certeza jurídica. El problema, dijo, era otro: solo faltaba nombrar al encargado del área de panteones.
Solo eso. Un encargado. Un señor con llaves. La obra estaba prácticamente lista, el terreno ahí, todo esperando, y el proyecto detenido porque no había quién abriera la puerta. Es como tener el estadio construido, las gradas puestas y el pasto verde, y no jugar porque falta quién ponga la red. Detalles.
Uno entendería la demora si faltara el panteón. Pero no: faltaba el panteonero. En un país donde los trámites tardan una eternidad, aquí de plano innovamos: ahora hasta para descansar en paz hay que hacer fila, y no por burocracia, sino por vacante sin cubrir. El difunto puede esperar; total, ya no trae prisa.
Lo tierno del asunto es la calma con que se explica. 'Ese panteón no nació de la noche a la mañana', aclaró, no fuera a pensarse que alguien despertó un día con antojo de camposanto. Faltaría más. Aquí las cosas se hacen con método, con reposo, con dos añitos de curado, como el tequila y como los pendientes municipales.
Que quede claro: no era negligencia, era una plaza sin ocupar. La próxima vez que un trámite se atore en su municipio, ya sabe cuál es la explicación oficial: no es el sistema, es que no había encargado. Descanse en paz el proyecto, que por fin le abrieron.
Solo eso. Un encargado. Un señor con llaves. La obra estaba prácticamente lista, el terreno ahí, todo esperando, y el proyecto detenido porque no había quién abriera la puerta. Es como tener el estadio construido, las gradas puestas y el pasto verde, y no jugar porque falta quién ponga la red. Detalles.
Uno entendería la demora si faltara el panteón. Pero no: faltaba el panteonero. En un país donde los trámites tardan una eternidad, aquí de plano innovamos: ahora hasta para descansar en paz hay que hacer fila, y no por burocracia, sino por vacante sin cubrir. El difunto puede esperar; total, ya no trae prisa.
Lo tierno del asunto es la calma con que se explica. 'Ese panteón no nació de la noche a la mañana', aclaró, no fuera a pensarse que alguien despertó un día con antojo de camposanto. Faltaría más. Aquí las cosas se hacen con método, con reposo, con dos añitos de curado, como el tequila y como los pendientes municipales.
Que quede claro: no era negligencia, era una plaza sin ocupar. La próxima vez que un trámite se atore en su municipio, ya sabe cuál es la explicación oficial: no es el sistema, es que no había encargado. Descanse en paz el proyecto, que por fin le abrieron.