Pirotecnia con causa: Irapuato conserva los cohetes "por tradición" y Salamanca cuenta los dedos
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Guanajuato encontró la manera de estar en contra y a favor de la pirotecnia al mismo tiempo, que es más o menos como estar a dieta de lunes a viernes y comprar el pastel el jueves. Irapuato anunció que mantendrá el espectáculo pirotécnico durante el Grito del 15 de septiembre. La alcaldesa Lorena Alfaro explicó que el municipio busca ir eliminando los cohetes en otras celebraciones, pero que el 15 es "una fecha especial" que merece conservarse. Es decir: la pólvora es mala, salvo cuando es entrañable.
Uno entiende el argumento sentimental. El problema es que la tradición no llega sola; llega con quemados. A unos kilómetros, en Salamanca, Protección Civil reportó que los accidentes por pirotecnia aumentaron 40% en el último cuatrimestre del año y lanzó un llamado que debería ponernos a pensar: que la gente reduzca su uso y, sobre todo, que no aplique remedios caseros sobre las quemaduras. Traducción: por favor, no le unten pasta de dientes ni sábila a la mano que acaba de conocer la física de un cohetón.
El contraste es de manual. En una ciudad, la autoridad prende la mecha en nombre del folclor; en la de al lado, la autoridad implora que no se agrave el daño con curanderismo doméstico. Ambas tienen razón por separado y ninguna cuando las pones juntas. Porque la tradición del cohete y la tradición del jitomate en la quemadura son la misma cadena de producción: primero el estruendo bonito, luego la sala de urgencias improvisada en la cocina.
Nadie propone cancelar la fiesta ni volver el Grito un evento de reflexión silenciosa con velitas de té. Pero llama la atención la comodidad con que "por tradición" se vuelve el pase VIP que salta cualquier política de seguridad. Si algo es peligroso el 20 de noviembre, sigue siendo peligroso el 15 de septiembre; la pólvora no consulta el calendario cívico antes de estallar en la mano equivocada.
Así que este año, si va a haber castillo, que haya también distancia, cubetas de agua y cero heroísmos con la mecha. Y si de casualidad algo sale mal, la recomendación oficial es clarísima: al médico, no al refrigerador. Que la única tradición que no queremos conservar es la del dedo de menos.
Uno entiende el argumento sentimental. El problema es que la tradición no llega sola; llega con quemados. A unos kilómetros, en Salamanca, Protección Civil reportó que los accidentes por pirotecnia aumentaron 40% en el último cuatrimestre del año y lanzó un llamado que debería ponernos a pensar: que la gente reduzca su uso y, sobre todo, que no aplique remedios caseros sobre las quemaduras. Traducción: por favor, no le unten pasta de dientes ni sábila a la mano que acaba de conocer la física de un cohetón.
El contraste es de manual. En una ciudad, la autoridad prende la mecha en nombre del folclor; en la de al lado, la autoridad implora que no se agrave el daño con curanderismo doméstico. Ambas tienen razón por separado y ninguna cuando las pones juntas. Porque la tradición del cohete y la tradición del jitomate en la quemadura son la misma cadena de producción: primero el estruendo bonito, luego la sala de urgencias improvisada en la cocina.
Nadie propone cancelar la fiesta ni volver el Grito un evento de reflexión silenciosa con velitas de té. Pero llama la atención la comodidad con que "por tradición" se vuelve el pase VIP que salta cualquier política de seguridad. Si algo es peligroso el 20 de noviembre, sigue siendo peligroso el 15 de septiembre; la pólvora no consulta el calendario cívico antes de estallar en la mano equivocada.
Así que este año, si va a haber castillo, que haya también distancia, cubetas de agua y cero heroísmos con la mecha. Y si de casualidad algo sale mal, la recomendación oficial es clarísima: al médico, no al refrigerador. Que la única tradición que no queremos conservar es la del dedo de menos.