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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 10 de septiembre de 2026

En Juárez reinventaron el seguro de vida al revés: fíngete muerta y no pagues la tanda

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En Juárez reinventaron el seguro de vida al revés: fíngete muerta y no pagues la tanda
Las tandas son una institución sagrada del ahorro popular mexicano: un pacto de confianza donde cada quien pone su parte y espera su turno con la fe de un peregrino. En Juárez, Nuevo León, esa fe acaba de recibir un golpe digno de telenovela. Habitantes del municipio denunciaron a una organizadora de tandas por un presunto fraude cercano al millón de pesos, y el método que le atribuyen no fue huir, ni cambiar de número, ni bloquear en redes. No. Presuntamente, fingió su propia muerte.

Uno tiene que reconocer la ambición narrativa. Cualquier defraudador mediocre desaparece, apaga el teléfono, se muda de colonia. Se necesita un compromiso artístico superior para montar tu propio velorio. El problema con las superproducciones son el presupuesto y los cabos sueltos: una funeraria tuvo que salir públicamente a desmentir que ahí se hubiera realizado sepelio alguno en su honor. Es decir, ni la funeraria le quiso seguir el juego. Cuando la muerte que inventaste es desmentida por la propia funeraria, quizá el guion necesitaba otra vuelta.

La denuncia circula en Facebook, ese tribunal popular donde las condenas se dictan con reacciones de "me enoja" y capturas de pantalla. Ahí exhiben a la joven señalada de haberse quedado con el dinero de los tandistas. Y aquí conviene ser justos: se trata de señalamientos y de un presunto fraude que las autoridades tendrán que investigar. Pero como fenómeno cultural, el caso ya ganó su lugar en el salón de la fama del ahorro informal.

Porque piénsenlo: la tanda funciona con una sola garantía, que es la palabra. No hay contrato, no hay Condusef, no hay letras chiquitas. Solo la confianza de que la organizadora va a entregar el "número" completo cuando toque. El día que alguien decide que la mejor manera de romper esa confianza es certificar su propio deceso, la tanda entera —ese pilar de la economía de barrio— tiembla. La próxima vez que te inviten a una, vas a pedir prueba de vida semanal.

Lo más triste es imaginar a los ahorradores enterándose por etapas. Primero, el luto: se murió la organizadora, qué tragedia. Luego, la sospecha: oye, ¿y mi dinero? Y finalmente, la revelación: la difunta anda muy campante y la funeraria jura que nunca la vio. Es el único velorio de la historia donde los dolientes terminaron más enojados que tristes.

Que sirva de advertencia para el afortunado que se acaba de ganar los 21 millones de la Lotería aquí en el estado: guárdalos en el banco, cómprate un terreno, escóndelos en el colchón. Pero, por lo que más quieras, no los metas a una tanda. En Nuevo León ya ni de los muertos te puedes fiar.