Luminarias 'amigables' con los árboles: la amistad que llega con excavadora
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Existe una categoría de obra pública que merece su propio género literario: la que se anuncia como benéfica y termina en denuncia ciudadana. En San Pedro acaba de estrenarse un ejemplar de manual. El ayuntamiento presentó como proyecto "amigable" con los árboles la instalación de tres mil 213 luminarias subterráneas tipo estaca en Las Calzadas, esos corredores verdes que son el orgullo paisajístico del municipio. La palabra "amigable" hacía toda la diferencia. Duró poco.
Vecinos y el activista Nesib Inayeh advirtieron que la colocación subterránea del cableado estaría impactando las raíces de árboles de hasta cincuenta años de antigüedad en la Calzada del Valle y la Calzada Mauricio Fernández. Cincuenta años. Esos árboles ya daban sombra cuando muchos de los actuales funcionarios andaban en pañales. Y ahora, en nombre de la iluminación, se les mete maquinaria por debajo como quien le pica las costillas a un abuelo dormido y luego jura que solo le estaba acomodando la cobija.
Nueve ciudadanos no se lo tomaron a bien y acudieron a la Torre Administrativa, sobre la calle Washington, para presentar una denuncia formal ante la Secretaría de Medio Ambiente estatal. Pidieron inspección, medidas de seguridad y reparación de posibles daños. Es decir, tuvieron que denunciar al propio ayuntamiento por una obra que el mismo ayuntamiento vendió como cariño arbóreo. La ironía es tan densa que podría usarse como abono.
Aquí es donde el lenguaje oficial revela su genio. "Amigable con los árboles" pertenece a esa misma familia semántica de "reordenamiento vial" (para decir que quitaron un carril), "renovación urbana" (para decir que talaron una plaza) y "modernización" (para decir cualquier cosa). Todos son eufemismos con corbata. La realidad, en cambio, no entiende de comunicados: si le cortas las raíces a un árbol de medio siglo, el árbol no lee el boletín de prensa donde le aseguran que todo es por su bien.
Lo notable es la escala: alrededor de mil cien metros ya intervenidos en la Calzada del Valle, al menos quinientos en la Mauricio Fernández. Es una amistad a nivel industrial. Con amigos así, el bosque urbano no necesita enemigos, ni sierras, ni cambio climático. Le basta un proyecto de luminarias con adjetivo tranquilizador.
Habrá que esperar la inspección para saber cuántos ejemplares quedan realmente en riesgo. Mientras tanto, San Pedro nos deja una lección de retórica municipal: cuando un gobierno te diga que algo es "amigable", cuenta los árboles antes y después. La amistad, en obra pública, se mide en tocones.
Vecinos y el activista Nesib Inayeh advirtieron que la colocación subterránea del cableado estaría impactando las raíces de árboles de hasta cincuenta años de antigüedad en la Calzada del Valle y la Calzada Mauricio Fernández. Cincuenta años. Esos árboles ya daban sombra cuando muchos de los actuales funcionarios andaban en pañales. Y ahora, en nombre de la iluminación, se les mete maquinaria por debajo como quien le pica las costillas a un abuelo dormido y luego jura que solo le estaba acomodando la cobija.
Nueve ciudadanos no se lo tomaron a bien y acudieron a la Torre Administrativa, sobre la calle Washington, para presentar una denuncia formal ante la Secretaría de Medio Ambiente estatal. Pidieron inspección, medidas de seguridad y reparación de posibles daños. Es decir, tuvieron que denunciar al propio ayuntamiento por una obra que el mismo ayuntamiento vendió como cariño arbóreo. La ironía es tan densa que podría usarse como abono.
Aquí es donde el lenguaje oficial revela su genio. "Amigable con los árboles" pertenece a esa misma familia semántica de "reordenamiento vial" (para decir que quitaron un carril), "renovación urbana" (para decir que talaron una plaza) y "modernización" (para decir cualquier cosa). Todos son eufemismos con corbata. La realidad, en cambio, no entiende de comunicados: si le cortas las raíces a un árbol de medio siglo, el árbol no lee el boletín de prensa donde le aseguran que todo es por su bien.
Lo notable es la escala: alrededor de mil cien metros ya intervenidos en la Calzada del Valle, al menos quinientos en la Mauricio Fernández. Es una amistad a nivel industrial. Con amigos así, el bosque urbano no necesita enemigos, ni sierras, ni cambio climático. Le basta un proyecto de luminarias con adjetivo tranquilizador.
Habrá que esperar la inspección para saber cuántos ejemplares quedan realmente en riesgo. Mientras tanto, San Pedro nos deja una lección de retórica municipal: cuando un gobierno te diga que algo es "amigable", cuenta los árboles antes y después. La amistad, en obra pública, se mide en tocones.