El gusano que frenó a los charros: Chihuahua le pide permiso a una larva antes que al vecino del norte
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Olvídense de los aranceles y de las negociaciones de alto nivel. El actor con más poder de veto en Chihuahua esta semana mide unos cuantos milímetros, no da conferencias y responde al nombre de gusano barrenador del ganado. Según el reporte del Senasica con corte al 9 de septiembre, el estado ya acumula 77 casos activos repartidos en 26 municipios, con Balleza encabezando la lista con once, seguido de Matamoros, Morelos y Guadalupe y Calvo. Chihuahua ocupa el nada despreciable lugar 12 entre 30 entidades con presencia del bicho.
Las consecuencias, sin embargo, no son solo ganaderas. Resulta que la plaga también le aguó la fiesta a la charrería. Los jinetes del estado reportan que trasladar sus caballos a certámenes nacionales se volvió una odisea de papeleo: nuevas certificaciones sanitarias que convierten cada movilización de equinos en un trámite digno de exportación intercontinental. El caballo, orgullo de la identidad norteña, ahora necesita su carpeta de documentos igual que cualquier mortal que intente sacar una constancia en ventanilla.
El contexto le pone sal a la herida: todo esto ocurre a menos de dos semanas de la prevista reanudación de la exportación de ganado en pie por Chihuahua. Es decir, justo cuando se iba a reabrir la llave, apareció la larva a recordarnos quién manda en el corral. Uno imagina las reuniones: traje, café, presentaciones en pantalla, y al final de la mesa un frasco con la verdadera autoridad sanitaria del momento.
En El Destiempo proponemos, con todo respeto, que la próxima gira de promoción económica del estado incluya al barrenador como invitado de honor. Total, ya logró lo que pocos: parar a los charros, condicionar la exportación y meterse en la agenda estatal sin gastar un peso en relaciones públicas. Si tan solo resolviera lo de la cebolla, le daríamos la llave de la ciudad.
Las consecuencias, sin embargo, no son solo ganaderas. Resulta que la plaga también le aguó la fiesta a la charrería. Los jinetes del estado reportan que trasladar sus caballos a certámenes nacionales se volvió una odisea de papeleo: nuevas certificaciones sanitarias que convierten cada movilización de equinos en un trámite digno de exportación intercontinental. El caballo, orgullo de la identidad norteña, ahora necesita su carpeta de documentos igual que cualquier mortal que intente sacar una constancia en ventanilla.
El contexto le pone sal a la herida: todo esto ocurre a menos de dos semanas de la prevista reanudación de la exportación de ganado en pie por Chihuahua. Es decir, justo cuando se iba a reabrir la llave, apareció la larva a recordarnos quién manda en el corral. Uno imagina las reuniones: traje, café, presentaciones en pantalla, y al final de la mesa un frasco con la verdadera autoridad sanitaria del momento.
En El Destiempo proponemos, con todo respeto, que la próxima gira de promoción económica del estado incluya al barrenador como invitado de honor. Total, ya logró lo que pocos: parar a los charros, condicionar la exportación y meterse en la agenda estatal sin gastar un peso en relaciones públicas. Si tan solo resolviera lo de la cebolla, le daríamos la llave de la ciudad.