El Zapotillo: la presa que ya tiene agua, pero de nadie
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Pocas obras en México han logrado lo que El Zapotillo: estar terminada, inaugurada y con nombre propio desde hace más de dos años, y aún así no soltar ni una gota para la ciudad que la justificó. La presa existe, la cortina existe, la foto del corte de listón existe. Lo único que sigue sin aparecer es el agua llegando a las llaves de Guadalajara, que era, se supone, el punto de todo el asunto.
Esta semana el expediente sumó su capítulo favorito: el de a quién echarle la culpa. El gobernador de Jalisco acusó a una diputada federal de Morena de oponerse a que se asignen los recursos para las obras complementarias, esas que faltan para que la presa por fin cumpla su única tarea. "La misma diputada se niega a que Jalisco tenga mejor calidad del agua", disparó. La legisladora contestó con la elegancia de quien ya vio la película: ella no se opone a nada, defiende la inversión federal, y el que anda buscando pleito en lugar de soluciones es el gobernador.
Y así, en un intercambio de comunicados, se fue otra semana de la vida hídrica de los tapatíos. La discusión tendría hasta su gracia si no fuera porque la salida requería exactamente lo contrario: que el gobierno estatal y los diputados federales jaliscienses —de todos los colores— hicieran frente común para gestionar los más de doce mil millones que necesitan las obras y que, oh sorpresa, no aparecieron en el Paquete Económico federal. Ese frente pluripartidista, por lo visto, se cae con la primera llovizna de declaraciones.
Lo notable es la eficiencia inversa del proyecto: mientras menos agua entrega, más ruido genera. Es probablemente la única infraestructura del país que produce más ruedas de prensa que metros cúbicos. Cada tanto, alguien recuerda que hay millones de personas esperando abasto y calidad, y entonces todos suben el tono, nadie baja la guardia y el problema queda exactamente donde estaba: en pausa, con cortina.
Mientras los protagonistas afinan la puntería para la siguiente acusación, el habitante promedio de la metrópoli hace lo de siempre: abre la llave, reza, y compra garrafón por si las dudas. En Jalisco ya nos acostumbramos a que el agua se politice antes de llegar a la casa. Ojalá algún día se les ocurra la travesura de resolverlo juntos; sería novedad, y hasta saldría en primera plana.
Esta semana el expediente sumó su capítulo favorito: el de a quién echarle la culpa. El gobernador de Jalisco acusó a una diputada federal de Morena de oponerse a que se asignen los recursos para las obras complementarias, esas que faltan para que la presa por fin cumpla su única tarea. "La misma diputada se niega a que Jalisco tenga mejor calidad del agua", disparó. La legisladora contestó con la elegancia de quien ya vio la película: ella no se opone a nada, defiende la inversión federal, y el que anda buscando pleito en lugar de soluciones es el gobernador.
Y así, en un intercambio de comunicados, se fue otra semana de la vida hídrica de los tapatíos. La discusión tendría hasta su gracia si no fuera porque la salida requería exactamente lo contrario: que el gobierno estatal y los diputados federales jaliscienses —de todos los colores— hicieran frente común para gestionar los más de doce mil millones que necesitan las obras y que, oh sorpresa, no aparecieron en el Paquete Económico federal. Ese frente pluripartidista, por lo visto, se cae con la primera llovizna de declaraciones.
Lo notable es la eficiencia inversa del proyecto: mientras menos agua entrega, más ruido genera. Es probablemente la única infraestructura del país que produce más ruedas de prensa que metros cúbicos. Cada tanto, alguien recuerda que hay millones de personas esperando abasto y calidad, y entonces todos suben el tono, nadie baja la guardia y el problema queda exactamente donde estaba: en pausa, con cortina.
Mientras los protagonistas afinan la puntería para la siguiente acusación, el habitante promedio de la metrópoli hace lo de siempre: abre la llave, reza, y compra garrafón por si las dudas. En Jalisco ya nos acostumbramos a que el agua se politice antes de llegar a la casa. Ojalá algún día se les ocurra la travesura de resolverlo juntos; sería novedad, y hasta saldría en primera plana.