El frente de los que ya fueron: San Miguel propone reunir a la mayoría alrededor de dos ex
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San Miguel de Allende, tierra de bodas carísimas y atardeceres de postal, aportó esta semana su granito a la ingeniería política nacional. El alcalde Mauricio Trejo respaldó el acercamiento entre Vicente Fox y Alejandro 'Alito' Moreno, y anunció que buscará aportar para armar 'un frente que represente a la mayoría'. Un frente. Con Fox. Y con Alito. Representando a la mayoría. Léase de nuevo, despacio, con una tisana.
El concepto es audaz: reunir bajo un mismo techo a dos figuras cuyo común denominador es que ambas provocan, en distintas generaciones, el mismo suspiro de 'ah, ese señor'. Fox, el expresidente que tuitea; Alito, el dirigente de largo aliento del PRI. Juntos, según la aritmética optimista, sumarían 'la mayoría'. En la práctica, más bien suman recuerdos. Es como armar una banda de reunión con el baterista de una fiesta de los 2000 y el vocalista que ya nadie sabe si sigue en el grupo: la nostalgia vende boletos, pero rara vez gana campeonatos.
Lo entrañable es la motivación declarada: que el próximo proceso electoral 'no se convierta nuevamente en una disputa entre grupos'. Nobilísimo. La receta propuesta para evitar la disputa entre grupos es… formar un grupo. Con líderes de grupos. Que han disputado. Uno aplaude la coherencia interna del universo: para acabar con las peleas, convoquemos a los que mejor saben pelearse, a ver si esta vez se pelean del mismo lado.
Trejo, hay que decirlo, anda en modo despedida: será su último Grito como alcalde y ya prepara su informe por colonias. Nada como el ocaso de un cargo para florecer como estratega nacional. Es una tradición honrada: cuando se te acaba el municipio, te crece el país. De repente el alcalde saliente descubre vocación de armador de frentes, tejedor de acuerdos, gran elector del Bajío. El puesto se apaga; el ego enciende las largas.
¿Funcionará el frente Fox-Alito-y-lo-que-se-acumule? La historia reciente sugiere que estas alianzas tienen la vida útil de una veladora del Grito: arden bonito, iluminan la foto, y para el 17 de septiembre ya nadie se acuerda dónde quedó la cera. Pero soñar es gratis, y en periodo electoral, casi obligatorio.
Que conste que la mayoría —esa a la que dicen representar— no fue consultada. La mayoría, mientras tanto, sigue en lo suyo: trabajando, pagando la cuota de inseguridad, eligiendo conductora en la app y esperando que el hospital que no salió en el presupuesto aparezca por generación espontánea. Si de esa mayoría se trata, el frente tiene mucho, muchísimo, que escuchar antes de proclamarse su vocero.
El concepto es audaz: reunir bajo un mismo techo a dos figuras cuyo común denominador es que ambas provocan, en distintas generaciones, el mismo suspiro de 'ah, ese señor'. Fox, el expresidente que tuitea; Alito, el dirigente de largo aliento del PRI. Juntos, según la aritmética optimista, sumarían 'la mayoría'. En la práctica, más bien suman recuerdos. Es como armar una banda de reunión con el baterista de una fiesta de los 2000 y el vocalista que ya nadie sabe si sigue en el grupo: la nostalgia vende boletos, pero rara vez gana campeonatos.
Lo entrañable es la motivación declarada: que el próximo proceso electoral 'no se convierta nuevamente en una disputa entre grupos'. Nobilísimo. La receta propuesta para evitar la disputa entre grupos es… formar un grupo. Con líderes de grupos. Que han disputado. Uno aplaude la coherencia interna del universo: para acabar con las peleas, convoquemos a los que mejor saben pelearse, a ver si esta vez se pelean del mismo lado.
Trejo, hay que decirlo, anda en modo despedida: será su último Grito como alcalde y ya prepara su informe por colonias. Nada como el ocaso de un cargo para florecer como estratega nacional. Es una tradición honrada: cuando se te acaba el municipio, te crece el país. De repente el alcalde saliente descubre vocación de armador de frentes, tejedor de acuerdos, gran elector del Bajío. El puesto se apaga; el ego enciende las largas.
¿Funcionará el frente Fox-Alito-y-lo-que-se-acumule? La historia reciente sugiere que estas alianzas tienen la vida útil de una veladora del Grito: arden bonito, iluminan la foto, y para el 17 de septiembre ya nadie se acuerda dónde quedó la cera. Pero soñar es gratis, y en periodo electoral, casi obligatorio.
Que conste que la mayoría —esa a la que dicen representar— no fue consultada. La mayoría, mientras tanto, sigue en lo suyo: trabajando, pagando la cuota de inseguridad, eligiendo conductora en la app y esperando que el hospital que no salió en el presupuesto aparezca por generación espontánea. Si de esa mayoría se trata, el frente tiene mucho, muchísimo, que escuchar antes de proclamarse su vocero.