Las Ranas croan, los puños vuelan: el deporte extremo de San Juan
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Guanajuato capital tiene una agenda cultural envidiable este verano: las Fiestas de San Juan y Presa de la Olla, el Soltero Fest, actividades con la Universidad y hasta el GIFF asomándose. Pero ninguna de esas atracciones ha resultado tan concurrida como la disciplina no oficial que se practica en la plaza de Las Ranas: el agarrón colectivo. La madrugada del martes dejó saldo de trece detenidos —seis de ellos menores de edad—, ojos morados, narices sangrantes y un repertorio de mentadas de madre digno de antología.
Lo más preocupante no es la riña: es la reincidencia. Va la segunda en lo que llevamos de fiesta, y como bien apunta la crónica, ya "se está haciendo costumbre". Hay tradiciones que enorgullecen a una ciudad —las callejoneadas, la Cervantina, los cabezones de las estudiantinas— y luego está esta otra, la de despedir la verbena a trancazos. Uno acude a la plaza por el ambiente, la música y el antojito, y termina en la nota roja por participar, voluntaria o accidentalmente, en el torneo relámpago de box sin guantes.
La Policía Municipal hizo su trabajo en los operativos de seguridad, conste, y los trece protagonistas pasaron a enfriarse. Pero seis menores entre los detenidos encienden un foco que ninguna verbena debería normalizar: la fiesta que termina con adolescentes esposados no es fiesta, es advertencia. Mientras Fiscalización anda clausurando bares de la capital por acceso de menores y horarios, la plaza pública demuestra que el problema no siempre está adentro de los antros.
Que conste que en El Destiempo amamos San Juan y la Presa con devoción de guanajuatense. Por eso duele que la postal del verano sea un pleito en bola y no el reflejo del kiosco en el agua. Ojalá la tercera edición de la temporada sea sólo de baile. Aunque, conociendo la costumbre, conviene ir guardando lugar en primera fila —de preferencia, lejos del puño que vuela.
Lo más preocupante no es la riña: es la reincidencia. Va la segunda en lo que llevamos de fiesta, y como bien apunta la crónica, ya "se está haciendo costumbre". Hay tradiciones que enorgullecen a una ciudad —las callejoneadas, la Cervantina, los cabezones de las estudiantinas— y luego está esta otra, la de despedir la verbena a trancazos. Uno acude a la plaza por el ambiente, la música y el antojito, y termina en la nota roja por participar, voluntaria o accidentalmente, en el torneo relámpago de box sin guantes.
La Policía Municipal hizo su trabajo en los operativos de seguridad, conste, y los trece protagonistas pasaron a enfriarse. Pero seis menores entre los detenidos encienden un foco que ninguna verbena debería normalizar: la fiesta que termina con adolescentes esposados no es fiesta, es advertencia. Mientras Fiscalización anda clausurando bares de la capital por acceso de menores y horarios, la plaza pública demuestra que el problema no siempre está adentro de los antros.
Que conste que en El Destiempo amamos San Juan y la Presa con devoción de guanajuatense. Por eso duele que la postal del verano sea un pleito en bola y no el reflejo del kiosco en el agua. Ojalá la tercera edición de la temporada sea sólo de baile. Aunque, conociendo la costumbre, conviene ir guardando lugar en primera fila —de preferencia, lejos del puño que vuela.