El arsenal que se entregó solito en una brecha de Lázaro Cárdenas
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Buenas noticias para los amantes de los finales felices sin protagonistas: en una brecha de la localidad de Los Amates, en Lázaro Cárdenas, las autoridades localizaron un arsenal completo abandonado. Seis armas largas, una granada, mil trescientos setenta y cuatro cartuchos y equipo táctico, todo dejadito ahí, como quien olvida el paraguas en el camión. ¿Detenidos? Ninguno. El armamento, por lo visto, llegó solo, se acomodó solo y se rindió solo.
Es un hallazgo que conmueve. Después de tanto operativo, tanto recorrido y tanta estrategia, resulta que la delincuencia organizada colabora dejando su equipo de trabajo en la orilla del camino, listo para el inventario. Uno casi imagina la escena: los rifles reunidos en asamblea, la granada tomando la palabra, y todos coincidiendo en que ya estuvo bueno, que mejor se entregan a la intemperie y que ojalá la Defensa pase pronto a recogerlos antes de que se oxiden.
El comunicado oficial celebra, con toda razón, que no se reportaron personas detenidas. Y es que en la aritmética de la seguridad estatal, un arsenal sin dueño es el escenario ideal: se decomisa el hierro, se toma la foto, se archiva el asunto y nadie tiene que explicar de quién era, para qué era ni hacia dónde iba. El crimen perfecto es aquel que no tiene criminal, y en Michoacán vamos volviéndonos expertos en esa modalidad.
Mientras tanto, el mismo INEGI que nos declaró campeones del miedo recuerda que apenas uno de cada cien delitos termina resuelto. Con arsenales que se entregan por su propia voluntad, uno entendería que la cifra no suba: para qué investigar de quién es la granada si la granada ya se portó bien y se quedó quietecita.
Así que celebremos el decomiso, faltaba más, y agradezcamos la cortesía de un armamento tan educado. Solo queda una duda flotando sobre la brecha de Los Amates, la misma de siempre: si esto es lo que se abandona, ¿qué será lo que sí se está usando? Pero esa pregunta, como la banca de la plaza, también espera trámite.
Es un hallazgo que conmueve. Después de tanto operativo, tanto recorrido y tanta estrategia, resulta que la delincuencia organizada colabora dejando su equipo de trabajo en la orilla del camino, listo para el inventario. Uno casi imagina la escena: los rifles reunidos en asamblea, la granada tomando la palabra, y todos coincidiendo en que ya estuvo bueno, que mejor se entregan a la intemperie y que ojalá la Defensa pase pronto a recogerlos antes de que se oxiden.
El comunicado oficial celebra, con toda razón, que no se reportaron personas detenidas. Y es que en la aritmética de la seguridad estatal, un arsenal sin dueño es el escenario ideal: se decomisa el hierro, se toma la foto, se archiva el asunto y nadie tiene que explicar de quién era, para qué era ni hacia dónde iba. El crimen perfecto es aquel que no tiene criminal, y en Michoacán vamos volviéndonos expertos en esa modalidad.
Mientras tanto, el mismo INEGI que nos declaró campeones del miedo recuerda que apenas uno de cada cien delitos termina resuelto. Con arsenales que se entregan por su propia voluntad, uno entendería que la cifra no suba: para qué investigar de quién es la granada si la granada ya se portó bien y se quedó quietecita.
Así que celebremos el decomiso, faltaba más, y agradezcamos la cortesía de un armamento tan educado. Solo queda una duda flotando sobre la brecha de Los Amates, la misma de siempre: si esto es lo que se abandona, ¿qué será lo que sí se está usando? Pero esa pregunta, como la banca de la plaza, también espera trámite.