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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 11 de septiembre de 2026

Publicidad de alto impacto (y bajo aroma) en el Parque México

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Publicidad de alto impacto (y bajo aroma) en el Parque México
Había una vez una colonia art déco, arbolada y presumida, que un día amaneció con la innovación urbana más mexicana posible: botes para recoger las heces de los perros, sí, pero coronados con pantallas de publicidad comercial. Bienvenidos al Parque México, colonia Hipódromo, donde ya ni lo que el perro deja atrás se libra de tener patrocinador.

Los vecinos, que de tontos no tienen un pelo, señalan lo obvio: el Plan de Desarrollo Urbano prohíbe la colocación de anuncios en parques, plazas, camellones y jardines públicos. También recuerdan que sí quieren un lugar digno para tirar los desechos de sus mascotas —eso nadie lo discute—, pero no a cambio de estructuras del tamaño de un refrigerador que rompen con la arquitectura de la zona y, encima, funcionan a medias. Como resumió un integrante de la comisión de participación comunitaria: quieren dónde tirar las heces, no un espectacular con contenedor de regalo.

Y es que la escena tiene su poesía. Imagínese al perrito de la colonia, criatura fina y acostumbrada al buen gusto del camellón, haciendo sus necesidades frente a una pantalla luminosa que le ofrece agua embotellada. El animal no sabe leer, pero intuye que algo anda mal cuando su momento más íntimo termina convertido en góndola de supermercado. Ni en sus paseos encuentra paz: hasta ahí llegó la mercadotecnia.

Lo interesante no es el humor de la situación, sino lo que revela. En una ciudad donde faltan botes de basura, banquetas parejas y luminarias que sirvan, alguien encontró la manera de que el mobiliario urbano no cueste, sino que rinda: se paga solo con publicidad. El detalle es que lo prohíbe la propia normativa que la autoridad juró respetar. Traducido: el reglamento aplica hasta que aparece un anunciante dispuesto a iluminarnos.

Uno celebraría la eficiencia si no fuera porque la lógica es escalofriante. Hoy es el depósito canino; mañana, a este paso, el kiosco tendrá banners, el árbol un código QR y la fuente un patrocinador oficial. La colonia Hipódromo pelea, con toda la razón, por defender su paisaje. Y de paso nos recuerda una verdad incómoda del urbanismo contemporáneo: ya no hay espacio público que no sueñe con ser una pantalla. Ni aunque huela a lo que huele.