La tandera que resucitó: la difunta volvió, el millón de pesos no
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La historia tenía todos los ingredientes del melodrama regional: una organizadora de tandas en Juárez, decenas de participantes, un presunto fraude cercano al millón de pesos y, de pronto, una esquela anunciando su muerte. Caso cerrado, pensaron algunos: hasta para deber, hay quien se lleva el secreto a la tumba. Pero la tumba resultó ser de utilería.
La señalada reapareció en redes sociales —muy viva, muy indignada— para aclarar que ella no fingió su fallecimiento, sino que fue víctima de 'una broma' de una de sus participantes, quien habría difundido la esquela. Es, sin duda, la broma más ambiciosa del año: alguien se tomó la molestia de matar simbólicamente a la tandera para, según esto, evitarle reclamos. Con amigas así, ¿quién necesita acreedores?
Detengámonos en la genialidad narrativa. En el universo de las tandas —ese banco informal sostenido con fe, WhatsApp y buena memoria— resulta que lo primero en desaparecer fue el dinero y lo segundo, la protagonista. Cuando volvió, no volvió con el dinero: volvió con una aclaración. Prometió, eso sí, buscar a la responsable de la mentira y explicar 'pronto' todo lo relacionado con la tanda. El 'pronto' de las tandas es una unidad de tiempo tan elástica como el 'ahorita' nacional.
Que quede claro para el acta: aquí no se afirma que haya cometido delito alguno; las autoridades tendrán que determinar qué pasó con los ahorros de la gente. Lo que sí podemos celebrar, con humor amargo, es la creatividad del expediente. Difundir la propia esquela para calmar a los ahorradores es, técnicamente, una estrategia de relaciones públicas. Fallida, pero estrategia al fin.
La moraleja para el ahorrador nuevoleonés es vieja como la desconfianza: cuando le prometan que su dinero se duplica solo por 'meterle' a la tanda, recuerde que el único que rara vez pierde es quien la organiza. Y si un día le llega la esquela del tesorero, no mande flores todavía: verifique primero si también se fue el fondo. En estas tandas, resucitar es fácil; devolver, ya es otro milagro.
La señalada reapareció en redes sociales —muy viva, muy indignada— para aclarar que ella no fingió su fallecimiento, sino que fue víctima de 'una broma' de una de sus participantes, quien habría difundido la esquela. Es, sin duda, la broma más ambiciosa del año: alguien se tomó la molestia de matar simbólicamente a la tandera para, según esto, evitarle reclamos. Con amigas así, ¿quién necesita acreedores?
Detengámonos en la genialidad narrativa. En el universo de las tandas —ese banco informal sostenido con fe, WhatsApp y buena memoria— resulta que lo primero en desaparecer fue el dinero y lo segundo, la protagonista. Cuando volvió, no volvió con el dinero: volvió con una aclaración. Prometió, eso sí, buscar a la responsable de la mentira y explicar 'pronto' todo lo relacionado con la tanda. El 'pronto' de las tandas es una unidad de tiempo tan elástica como el 'ahorita' nacional.
Que quede claro para el acta: aquí no se afirma que haya cometido delito alguno; las autoridades tendrán que determinar qué pasó con los ahorros de la gente. Lo que sí podemos celebrar, con humor amargo, es la creatividad del expediente. Difundir la propia esquela para calmar a los ahorradores es, técnicamente, una estrategia de relaciones públicas. Fallida, pero estrategia al fin.
La moraleja para el ahorrador nuevoleonés es vieja como la desconfianza: cuando le prometan que su dinero se duplica solo por 'meterle' a la tanda, recuerde que el único que rara vez pierde es quien la organiza. Y si un día le llega la esquela del tesorero, no mande flores todavía: verifique primero si también se fue el fondo. En estas tandas, resucitar es fácil; devolver, ya es otro milagro.