Cómo salir de un proceso penal y renunciar con estilo
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Hay carreras que terminan con un retiro de gala y otras que terminan con un retiro negociado en el estrado. Un juez del Distrito Judicial Hidalgo, con sede en Parral, optó por la segunda: acusado de presunta prevaricación agravada, encontró la salida más elegante que ofrece el derecho a quien imparte justicia. Ofreció renunciar a su cargo a cambio de que le suspendieran el proceso por doce meses. La autoridad judicial aceptó. Él sigue su camino en libertad, con la única tarea de portarse bien un año y firmar su dimisión en un plazo de cinco días hábiles.
Dejemos que la ironía respire. El oficio de un juzgador es, precisamente, decidir qué les pasa a los demás cuando rompen la ley. Aquí el juzgador se decidió a sí mismo una salida alterna, de esas que rara vez alcanzan al ciudadano de a pie. Usted, estimado lector, atrásese tres meses en la pensión alimenticia —como le ocurrió esta misma semana a una mujer en la capital— y verá que no hay suspensión condicional que valga: hay vinculación, plazo de investigación y el dedo acusador completo.
Según la versión oficial de la fiscalía anticorrupción, el imputado reconoció los hechos. El caso, recuerdan organizaciones de abogados, está ligado a un expediente tan doloroso como el feminicidio de una maestra. Por eso duele el chascarrillo: la frase 'ningún juez es infalible', que soltó una asociación civil, se queda corta. El problema no es que los jueces se equivoquen; es que, cuando se equivocan, parecen tener descuentos que no figuran en ningún código.
Lo saludable del episodio es el coro que despertó. Colegios de abogados respaldan que se investigue, siempre que se respete el debido proceso —faltaba más—. Hasta un partido pidió revisar a los juzgadores surgidos de la elección judicial. Todos de acuerdo en que la justicia debe vigilarse a sí misma. El detalle es que, mientras se ponen de acuerdo, el protagonista ya empacó la toga y salió por su propio pie.
Que conste: un año de buena conducta y una renuncia. Si alguien encuentra esa promoción en la ventanilla para el resto de los mortales, avísennos. La publicamos en primera plana.
Dejemos que la ironía respire. El oficio de un juzgador es, precisamente, decidir qué les pasa a los demás cuando rompen la ley. Aquí el juzgador se decidió a sí mismo una salida alterna, de esas que rara vez alcanzan al ciudadano de a pie. Usted, estimado lector, atrásese tres meses en la pensión alimenticia —como le ocurrió esta misma semana a una mujer en la capital— y verá que no hay suspensión condicional que valga: hay vinculación, plazo de investigación y el dedo acusador completo.
Según la versión oficial de la fiscalía anticorrupción, el imputado reconoció los hechos. El caso, recuerdan organizaciones de abogados, está ligado a un expediente tan doloroso como el feminicidio de una maestra. Por eso duele el chascarrillo: la frase 'ningún juez es infalible', que soltó una asociación civil, se queda corta. El problema no es que los jueces se equivoquen; es que, cuando se equivocan, parecen tener descuentos que no figuran en ningún código.
Lo saludable del episodio es el coro que despertó. Colegios de abogados respaldan que se investigue, siempre que se respete el debido proceso —faltaba más—. Hasta un partido pidió revisar a los juzgadores surgidos de la elección judicial. Todos de acuerdo en que la justicia debe vigilarse a sí misma. El detalle es que, mientras se ponen de acuerdo, el protagonista ya empacó la toga y salió por su propio pie.
Que conste: un año de buena conducta y una renuncia. Si alguien encuentra esa promoción en la ventanilla para el resto de los mortales, avísennos. La publicamos en primera plana.