El municipio donde los millones aprenden a nadar
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Hay lugares célebres por tragarse cosas sin dejar rastro: el Triángulo de las Bermudas, los calcetines en la lavadora y, desde hace un par de años, las arcas del Ayuntamiento de Bahía de Banderas. La historia empezó modesta: la Contraloría detectó a principios de 2025 irregularidades por alrededor de 152 millones de pesos. Cifra fea, pero manejable. El problema es que las cifras feas, cuando se les deja solas, se reproducen. Al cerrar la entrega-recepción, el faltante ya había engordado a 172 millones, con 108 observaciones, 70 sin solventar y unos 70 exfuncionarios en el radar. Un exfuncionario por cada observación no solventada: qué simetría tan poética.
Y cuando el vecindario creía que ya estaba completo el inventario del desastre, la síndica municipal salió a informar que hay OTRA diferencia, distinta, fresca, del segundo trimestre de 2026: 223 millones de pesos que 'siguen sin aclararse'. La funcionaria cuenta que giró oficios, pidió información y acordó una mesa de trabajo antes de la sesión de cabildo para que el tesorero explicara el misterio. Llegó el día de la sesión y la explicación brillaba por su ausencia, como suele brillar todo lo que se promete en una mesa de trabajo municipal.
Sumen ustedes: 172 por aquí, 223 por allá. En Bahía de Banderas el dinero público simplemente adquiere una autonomía sospechosa y decide, por cuenta propia, no aparecer en la contabilidad. Son millones con espíritu libre, millones que encontraron su verdadero yo y ya no quieren rendir cuentas a nadie.
Lo entrañable es el procedimiento. En este país, cuando falta dinero público, se activa un ritual milenario: primero se niega, luego se 'revisa', después se convoca a una mesa de trabajo, más tarde se pospone la mesa de trabajo, y finalmente se cambia de administración y el asunto pasa a formar parte del folclor local. Para cuando alguien reúne las 108 observaciones y las lee en voz alta, ya hay observaciones nuevas del trimestre siguiente. Una banda transportadora de faltantes que nunca se detiene.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie hace algo insólito: cuando a él le faltan doscientos pesos de la quincena, los busca. Revisa bolsillos, cuenta el cambio, interroga a la familia. Qué anticuado. No sabe que existe una técnica superior, perfeccionada en el cabildo, que consiste en girar un oficio, esperar sentado y confiar en que el dinero, algún día, regrese solito de sus vacaciones.
Y cuando el vecindario creía que ya estaba completo el inventario del desastre, la síndica municipal salió a informar que hay OTRA diferencia, distinta, fresca, del segundo trimestre de 2026: 223 millones de pesos que 'siguen sin aclararse'. La funcionaria cuenta que giró oficios, pidió información y acordó una mesa de trabajo antes de la sesión de cabildo para que el tesorero explicara el misterio. Llegó el día de la sesión y la explicación brillaba por su ausencia, como suele brillar todo lo que se promete en una mesa de trabajo municipal.
Sumen ustedes: 172 por aquí, 223 por allá. En Bahía de Banderas el dinero público simplemente adquiere una autonomía sospechosa y decide, por cuenta propia, no aparecer en la contabilidad. Son millones con espíritu libre, millones que encontraron su verdadero yo y ya no quieren rendir cuentas a nadie.
Lo entrañable es el procedimiento. En este país, cuando falta dinero público, se activa un ritual milenario: primero se niega, luego se 'revisa', después se convoca a una mesa de trabajo, más tarde se pospone la mesa de trabajo, y finalmente se cambia de administración y el asunto pasa a formar parte del folclor local. Para cuando alguien reúne las 108 observaciones y las lee en voz alta, ya hay observaciones nuevas del trimestre siguiente. Una banda transportadora de faltantes que nunca se detiene.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie hace algo insólito: cuando a él le faltan doscientos pesos de la quincena, los busca. Revisa bolsillos, cuenta el cambio, interroga a la familia. Qué anticuado. No sabe que existe una técnica superior, perfeccionada en el cabildo, que consiste en girar un oficio, esperar sentado y confiar en que el dinero, algún día, regrese solito de sus vacaciones.