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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Digest • 12 de septiembre de 2026

Diluvio, estallido y una concha para el susto: la capital estrenó su apocalipsis exprés

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Diluvio, estallido y una concha para el susto: la capital estrenó su apocalipsis exprés
Hay ciudades que sufren una calamidad por temporada, con su calendario y su avisito. La Ciudad de México, que nunca ha sido de medias tintas, decidió este viernes ofrecer el paquete completo: agua, rayo, fuego y una protesta de sobremesa, todo antes de que sonara la hora de la cena. Si iba a haber Grito, mejor que la capital diera el suyo primero.

El cielo abrió la jornada con relámpagos, como si alguien allá arriba estuviera tomando fotos con flash, y remató por la tarde con una tromba que convirtió al oriente y al sur en una versión no autorizada de Xochimilco. Tláhuac, Iztapalapa y Milpa Alta amanecieron —y anochecieron— con calles hechas río y patios anegados; en una sola alcaldía se contaron cerca de doscientas viviendas con agua adentro. El gobierno respondió con el Plan Tlaloque 2.0 y el operativo Tláloc, nombres solemnes que confirman lo que ya sospechábamos: a estas alturas, encomendarse al dios de la lluvia rinde más o menos lo mismo que confiar en el drenaje.

Mientras los vecinos sacaban lodo a cubetazos, la actividad eléctrica fue tan intensa que el aeropuerto capitalino suspendió operaciones alrededor de tres horas. Sí: en la ciudad que presume ser la más importante del país, la solución ante un rayo sigue siendo la misma que la de un niño de primaria en el recreo: nadie despega hasta que pase. Abajo, el transporte hizo su propia coreografía del caos —trolebús a media máquina, cablebús detenido por la tormenta, vialidades convertidas en albercas— y el regreso a casa se volvió una odisea homérica, pero con más claxon.

Por si el agua no bastaba, el fuego pidió su turno. La explosión de un cilindro de gas en un local de comida de Álvaro Obregón dejó una persona muerta, once heridas y un inmueble desplomado. Duele decirlo entre bromas, y por eso conviene la única moraleja seria del día: en esta ciudad, un tanque de treinta kilos en una cocina sigue siendo una tragedia esperando calendario, y lo urgente no es lamentarla el viernes, sino revisarla el lunes.

En Paseo de la Reforma, integrantes de la comunidad trans salieron a exigir algo tan modesto como que se cumpla una mesa de diálogo prometida, con pendientes en educación, salud y vivienda. Hubo bloqueos, pintas en el SAT y en una estación del Metrobús, y cristales rotos. Uno entiende la impaciencia: cuando la única forma de que te agenden una cita con la autoridad es cerrar Reforma, el problema no es quién trae la brocha, sino quién lleva meses sin contestar el teléfono.

Y en medio del diluvio, una buena noticia con olor a canela: el pan dulce mexicano y los saberes para hacerlo fueron declarados Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México, con todo y su gabinete de conchas, chilindrinas, cuernos, orejas y puerquitos. Hasta el domingo hay festival en una Utopía. Es reconfortante saber que, aunque se inunde el patio y se caiga el sistema, la concha ya tiene rango oficial de patrimonio. Mojada, pero patrimonio.

Todo esto, además, es apenas el ensayo general. Con las fiestas patrias encima, ya hay alcoholímetro las veinticuatro horas en las dieciséis alcaldías y ley seca anunciada en un par de demarcaciones, mientras las amas de casa peregrinan a la Central de Abasto por los ingredientes de la cena del 15. Traduzco el mensaje de la autoridad: puedes gritar '¡Viva México!' con toda el alma, pero al volante te queremos sobrio, y de preferencia con una lancha.

Así que si este viernes usted llegó tarde, empapado y con el corazón en la garganta, respire: no fue mala suerte, fue el itinerario. La capital ya dio su Grito particular. Ahora solo falta que, para el 15, alguien se acuerde de destapar las coladeras.