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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 12 de septiembre de 2026

La SEP culpa a las pantallas del bajón lector y, en la misma semana, se cuelga medalla de curiosidad

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La SEP culpa a las pantallas del bajón lector y, en la misma semana, se cuelga medalla de curiosidad
Esta semana la Secretaría de Educación Pública nos regaló una de esas piezas de lógica que solo se logran con mucho oficio. Por un lado, su titular explicó que el retroceso en comprensión lectora que confirmó la prueba PISA se debe, principalmente, a las pantallas: esos aparatos maléficos que, según parece, ninguna autoridad educativa jamás promovió, distribuyó ni normalizó en las aulas.

Por el otro lado, la misma dependencia salió, casi el mismo día, a presumir que los estudiantes mexicanos destacan por su curiosidad y su perseverancia, por encima del promedio de los países de la OCDE. Y remató con el dato estrella: 82% de los alumnos siente que sus maestros tienen un interés genuino en su aprendizaje, contra un 77% del promedio internacional.

Detengámonos a admirar la coreografía. Cuando el resultado es malo —leer y entender lo que se lee—, la culpa es del teléfono. Cuando el resultado es presentable —curiosidad, aguante, cariño al maestro—, el mérito es del sistema. Es un modelo de rendición de cuentas verdaderamente cómodo: los éxitos llevan sello oficial y los fracasos vienen con batería de litio.

Nadie discute que las pantallas distraen; distraen a todos, empezando por los adultos que redactan los boletines. El detalle es que la comprensión lectora no se derrumbó el día que llegó el celular: se venía arrastrando desde antes, y echarle la culpa al aparatito es tan tentador como inútil, porque el aparatito no diseña planes de estudio, no capacita docentes ni decide cuántos libros hay por niño.

Lo entrañable es la parte de la perseverancia. Un país cuyos estudiantes son campeones mundiales en no rendirse, pero campeones discretos en entender un párrafo, describe con precisión quirúrgica el estado del asunto: nuestros jóvenes aguantan lo que sea, incluso una educación que los felicita por aguantar. Y lo de que los maestros 'se quedan hasta el final para ayudarlos' es, probablemente, lo más cierto y lo más triste del comunicado: se quedan hasta el final porque alguien tiene que sostener el changarro cuando la pantalla ya se llevó el crédito de la culpa.

Ojalá que el año que viene la SEP presuma comprensión lectora. Aunque, con esta narrativa, si el número sube dirán que fue gracias a ellos, y si baja, otra vez habrá sido el celular. Perseverancia, después de todo, no les falta.