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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Ciudad de México • Nota • 12 de septiembre de 2026

La concha ya es patrimonio; ahora solo falta que el patrimonio no se moje

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La concha ya es patrimonio; ahora solo falta que el patrimonio no se moje
Buenas noticias para el gremio más subestimado del país: el pan dulce mexicano, junto con los saberes y las prácticas para elaborarlo, fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México. Con letras de molde en la Gaceta Oficial y todo. Conchas, chilindrinas, cuernos, gusanos, besos, orejas y puerquitos ascienden así del anonimato de la charola a la dignidad del decreto.

Es, sin sarcasmo por una vez, una decisión justa. Pocas instituciones han sido tan leales al capitalino como la panadería de la esquina, que abre cuando la ciudad todavía duerme y sostiene desde el desayuno del oficinista hasta la cena del que no tuvo tiempo de cenar. Que un cuerno relleno y una concha de vainilla tengan hoy el mismo rango patrimonial que un monumento es, en el fondo, un acto de justicia poética que llevaba siglos pendiente.

Ahora, permítanme el pequeño placer de la letra chica. Nada tan mexicano como resolver por decreto lo que la costumbre ya había resuelto sola. La concha no necesitaba una gaceta para ser inmortal; llevaba décadas siéndolo en cada bolsa de papel de estraza a las siete de la mañana. Pero se agradece el gesto: en una semana en la que la ciudad se inundó, explotó y colapsó, saber que al menos el pan dulce tiene protección oficial ofrece un consuelo tibio, como pan recién salido.

Para celebrarlo hay un festival montado en una de las Utopías, abierto hasta el domingo, donde uno puede ir a rendir tributo mordida a mordida. Sugerencia de este redactor: que el reconocimiento venga con presupuesto para el panadero, no solo con placa para el trámite. Porque una cosa es declarar patrimonio a la concha, y otra muy distinta es que quien la amasa a mano, de madrugada, pueda seguir pagando la renta del horno.

Mientras tanto, brindemos con café de olla por el nuevo estatus. La capital podrá quedarse sin drenaje, sin vuelos y sin paciencia, pero jamás, jamás, se quedará sin de qué agarrarse a la hora del susto. Y ahora, además, es patrimonio.