Monterrey convoca a debate para saber si la fundaron o solo la repoblaron (van 430 años, no hay prisa)
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Mientras media ciudad esquiva baches, sanitarios en los camellones y camiones que juegan a colgarse de los puentes, un grupo de historiadores decidió que el problema urgente de Monterrey estaba en otro lado: en 1596. A 430 años del episodio que la tradición reconoce como la fundación, anunciaron un debate para determinar si Diego de Montemayor de veras fundó la ciudad o si aquello, técnicamente, fue un repoblamiento del Valle de Extremadura.
El debate promete revisar las circunstancias jurídicas del proceso, el protocolo que siguió Montemayor y las facultades legales con que se sustentó. Es decir, cuatro siglos después, alguien va a auditar las minutas notariales del acto fundacional para ver si el trámite estaba bien hecho. En una ciudad que no ha logrado que le recojan un colchón del camellón de Carranza en menos de una semana, la meticulosidad histórica conmueve.
Uno entiende el atractivo. 'Fundó' y 'repobló' suenan casi igual, pero el matiz lo cambia todo: fundar es llegar a la nada y encender la primera fogata; repoblar es llegar a un lugar que ya alguien había intentado y decir 'yo le sigo'. Curiosamente, es la misma diferencia que sienten los regios cada sexenio cuando les reinauguran una avenida: no la fundaron, la repoblaron de conos.
Lo verdaderamente entrañable es la escala de tiempo. Hay reportes ciudadanos que llevan una semana sin respuesta, huelgas que cumplen casi un año y presupuestos que se discuten a las carreras para el año que viene, pero el reloj que sí corre con calma es el de la fundación: si en 430 años nadie se había puesto exquisito, un año más de debate no le hace daño a nadie.
Así que bienvenido el simposio. Que revisen protocolos, que citen facultades, que definan de una vez si Monterrey nació o solo se mudó. Eso sí: cuando terminen, ojalá les quede energía para opinar sobre algo del siglo XXI. Digamos, la banqueta de la esquina.
El debate promete revisar las circunstancias jurídicas del proceso, el protocolo que siguió Montemayor y las facultades legales con que se sustentó. Es decir, cuatro siglos después, alguien va a auditar las minutas notariales del acto fundacional para ver si el trámite estaba bien hecho. En una ciudad que no ha logrado que le recojan un colchón del camellón de Carranza en menos de una semana, la meticulosidad histórica conmueve.
Uno entiende el atractivo. 'Fundó' y 'repobló' suenan casi igual, pero el matiz lo cambia todo: fundar es llegar a la nada y encender la primera fogata; repoblar es llegar a un lugar que ya alguien había intentado y decir 'yo le sigo'. Curiosamente, es la misma diferencia que sienten los regios cada sexenio cuando les reinauguran una avenida: no la fundaron, la repoblaron de conos.
Lo verdaderamente entrañable es la escala de tiempo. Hay reportes ciudadanos que llevan una semana sin respuesta, huelgas que cumplen casi un año y presupuestos que se discuten a las carreras para el año que viene, pero el reloj que sí corre con calma es el de la fundación: si en 430 años nadie se había puesto exquisito, un año más de debate no le hace daño a nadie.
Así que bienvenido el simposio. Que revisen protocolos, que citen facultades, que definan de una vez si Monterrey nació o solo se mudó. Eso sí: cuando terminen, ojalá les quede energía para opinar sobre algo del siglo XXI. Digamos, la banqueta de la esquina.