El informe que hablaba de todo lo que sube y callaba todo lo que se hunde
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Rendir un informe de gobierno en plena temporada de lluvias es un acto de fe y de coreografía. En San Pedro Tlaquepaque, la presidenta municipal presentó su Segundo Informe con una selección de logros digna de escaparate: reducción del cuarenta por ciento en homicidios, atención al desabasto y a la mala calidad del agua del organismo operador, inversión en obra pública, programas sociales bajo la bandera del humanismo, y hasta el registro de un proyecto de Cablebús para el Cerro del Cuatro. Aplausos, fotos, banderines. Un informe redondo.
Tan redondo que, según la crónica local, esquivó con destreza de esquiador olímpico el único tema que el vecino siente todos los días en la columna vertebral: las vialidades del municipio y sus destrozos en el pavimento. Ahí está el arte fino de la política municipal contemporánea: elevar la narrativa —literalmente, con cablebús— y no bajar jamás a nivel de calle, donde el bache espera, paciente, tragándose amortiguadores como quien come cacahuates.
Uno entiende la lógica escénica. Hablar de homicidios a la baja da titulares; hablar de baches al alza da reclamos. Presumir un teleférico suena a futuro; reconocer un cráter en la esquina suena a presente incómodo. Y así, el discurso flota tres metros por encima del asfalto, en una altitud emocionalmente cómoda donde no salpica el lodo ni rebota la llanta.
Que conste: los datos que presentó pueden ser ciertos y hasta celebrables, y bajar homicidios no es cosa menor. Pero un informe también se mide por sus silencios, y este dejó un hoyo temático tan profundo como los que denuncian los tlaquepaquenses cada temporada de lluvias. Cuando el agua se retire y las cámaras se apaguen, el ciudadano seguirá haciendo eslalon entre baches rumbo al trabajo, soñando, eso sí, con el día en que pueda sobrevolarlos en cablebús. Mientras tanto, a esquivar: el que se hunde, se hunde solito.
Tan redondo que, según la crónica local, esquivó con destreza de esquiador olímpico el único tema que el vecino siente todos los días en la columna vertebral: las vialidades del municipio y sus destrozos en el pavimento. Ahí está el arte fino de la política municipal contemporánea: elevar la narrativa —literalmente, con cablebús— y no bajar jamás a nivel de calle, donde el bache espera, paciente, tragándose amortiguadores como quien come cacahuates.
Uno entiende la lógica escénica. Hablar de homicidios a la baja da titulares; hablar de baches al alza da reclamos. Presumir un teleférico suena a futuro; reconocer un cráter en la esquina suena a presente incómodo. Y así, el discurso flota tres metros por encima del asfalto, en una altitud emocionalmente cómoda donde no salpica el lodo ni rebota la llanta.
Que conste: los datos que presentó pueden ser ciertos y hasta celebrables, y bajar homicidios no es cosa menor. Pero un informe también se mide por sus silencios, y este dejó un hoyo temático tan profundo como los que denuncian los tlaquepaquenses cada temporada de lluvias. Cuando el agua se retire y las cámaras se apaguen, el ciudadano seguirá haciendo eslalon entre baches rumbo al trabajo, soñando, eso sí, con el día en que pueda sobrevolarlos en cablebús. Mientras tanto, a esquivar: el que se hunde, se hunde solito.