En La Piedad juntaron al que cuenta el dinero y al que revisa las cuentas; adivine cómo terminó
Tamaño de letra
Hay historias que se cuentan solas, y esta es una de ellas. En La Piedad, la Fiscalía vinculó a proceso a dos exempleados de una casa de cambio acusados de desviar, presuntamente, más de 878 mil pesos duplicando operaciones con cheques. Hasta ahí, un caso de abuso de confianza común y corriente. Lo bueno viene en el reparto de papeles: uno de los imputados era el cajero —el que toca el dinero— y el otro era el encargado de contabilidad —el que anota a dónde se fue el dinero—. El dúo perfecto. La mano que agarra y la mano que borra la huella, trabajando en la misma nómina.
Uno imagina la escena y no sabe si indignarse o admirar la eficiencia. Es como contratar de velador al que se sabe el horario de las rondas y, ya de paso, ponerlo a redactar el reporte de incidentes. ¿Que falta dinero en la caja? "Qué raro, aquí todo cuadra", firma el mismo que hizo que no cuadrara. Sistema de control interno nivel: confiar en el primo.
No es que en las casas de cambio no existan candados. Es que a veces las llaves de todos los candados se las damos a las dos mismas personas y luego nos sorprende que la puerta amanezca abierta. La duplicidad de operaciones con cheques —que suena a tecnicismo aburrido— es, en el fondo, la versión financiera del truco más viejo del mundo: cobrar dos veces lo mismo y rezar para que nadie sume.
Ahora el asunto está en manos de un juez, como debe ser, y serán las autoridades quienes determinen responsabilidades. Mientras tanto, el resto de La Piedad aprende la lección más cara y más barata a la vez: separar al que cuenta el dinero del que revisa las cuentas no es desconfianza, es sentido común. Y sale bastante más económico que casi 900 mil pesos, se lo aseguramos.
Uno imagina la escena y no sabe si indignarse o admirar la eficiencia. Es como contratar de velador al que se sabe el horario de las rondas y, ya de paso, ponerlo a redactar el reporte de incidentes. ¿Que falta dinero en la caja? "Qué raro, aquí todo cuadra", firma el mismo que hizo que no cuadrara. Sistema de control interno nivel: confiar en el primo.
No es que en las casas de cambio no existan candados. Es que a veces las llaves de todos los candados se las damos a las dos mismas personas y luego nos sorprende que la puerta amanezca abierta. La duplicidad de operaciones con cheques —que suena a tecnicismo aburrido— es, en el fondo, la versión financiera del truco más viejo del mundo: cobrar dos veces lo mismo y rezar para que nadie sume.
Ahora el asunto está en manos de un juez, como debe ser, y serán las autoridades quienes determinen responsabilidades. Mientras tanto, el resto de La Piedad aprende la lección más cara y más barata a la vez: separar al que cuenta el dinero del que revisa las cuentas no es desconfianza, es sentido común. Y sale bastante más económico que casi 900 mil pesos, se lo aseguramos.