Renace Cuauhtémoc, muere la sutileza: el arte de gobernar con el nombre propio en cada esquina
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Existe una frontera delicada entre informar sobre la obra pública y convertir la alcaldía en una campaña permanente con logotipo. En la Cuauhtémoc, si nos guiamos por la denuncia presentada ante el Instituto Electoral de la Ciudad de México, esa frontera quedó tan difusa como el horizonte en día de contingencia. Seis funcionarios —incluida la propia alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega— fueron señalados por presunta promoción anticipada, presuntamente por el uso reiteradísimo de las frases "Gobierno de Ale Rojo" y "Renace Cuauhtémoc".
Reconozcamos el mérito publicitario. "Renace Cuauhtémoc" es un eslogan con épica, con promesa de resurrección, con aire de tráiler de superproducción. El problema es cuándo y para qué se usa. Porque una cosa es que renazca la alcaldía y otra, más terrenal, es que lo que esté renaciendo con notable vigor sea un proyecto personal rumbo a la próxima boleta.
El posicionamiento anticipado es la versión política de llegar a una fiesta tres horas antes: técnicamente todavía no empieza nada, pero tú ya estás ahí, botana en mano, saludando como si fueras el anfitrión. Los tiempos electorales existen precisamente para que nadie tire el cohete antes del Grito. Y sin embargo, la tentación de tapizar la ciudad con el propio nombre parece más fuerte que cualquier calendario del instituto: total, si el bache no se tapa, que al menos lleve firma de autor.
Habrá que ver qué resuelve la autoridad, porque de momento hablamos de denuncias y no de sentencias —conviene recordarlo antes de que alguien renazca también en tribunales—. Pero el episodio ilustra un clásico de la política capitalina: la asombrosa facilidad con que "servicio público" y "spot de precampaña" empiezan a rimar. El servidor público modelo cuida que su gestión hable por sí sola; el modelo alternativo prefiere ponerle su nombre a la gestión, no vaya a ser que la gente se distraiga y crea que las cosas las hizo el gobierno, así, en abstracto.
En fin. Que renazca Cuauhtémoc, que renazca la esperanza, que renazca lo que tenga que renacer. Solo pedimos, como ciudadanos de a pie que respiramos ozono y esperamos camiones que no llegan, que junto con los eslóganes renazca también, algún día, la modestia. Aunque esa, sospechamos, sigue en proceso de extinción.
Reconozcamos el mérito publicitario. "Renace Cuauhtémoc" es un eslogan con épica, con promesa de resurrección, con aire de tráiler de superproducción. El problema es cuándo y para qué se usa. Porque una cosa es que renazca la alcaldía y otra, más terrenal, es que lo que esté renaciendo con notable vigor sea un proyecto personal rumbo a la próxima boleta.
El posicionamiento anticipado es la versión política de llegar a una fiesta tres horas antes: técnicamente todavía no empieza nada, pero tú ya estás ahí, botana en mano, saludando como si fueras el anfitrión. Los tiempos electorales existen precisamente para que nadie tire el cohete antes del Grito. Y sin embargo, la tentación de tapizar la ciudad con el propio nombre parece más fuerte que cualquier calendario del instituto: total, si el bache no se tapa, que al menos lleve firma de autor.
Habrá que ver qué resuelve la autoridad, porque de momento hablamos de denuncias y no de sentencias —conviene recordarlo antes de que alguien renazca también en tribunales—. Pero el episodio ilustra un clásico de la política capitalina: la asombrosa facilidad con que "servicio público" y "spot de precampaña" empiezan a rimar. El servidor público modelo cuida que su gestión hable por sí sola; el modelo alternativo prefiere ponerle su nombre a la gestión, no vaya a ser que la gente se distraiga y crea que las cosas las hizo el gobierno, así, en abstracto.
En fin. Que renazca Cuauhtémoc, que renazca la esperanza, que renazca lo que tenga que renacer. Solo pedimos, como ciudadanos de a pie que respiramos ozono y esperamos camiones que no llegan, que junto con los eslóganes renazca también, algún día, la modestia. Aunque esa, sospechamos, sigue en proceso de extinción.