Tráiler reta al tren en Guadalupe; el tren, como era de esperarse, no negocia
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A las 10:47 de la mañana, en la colonia Valles de Lindavista, un tráiler tomó la decisión más regiomontana de la que se tenga registro: quiso ganarle el paso al tren sobre la avenida Las Américas, en Guadalupe. El tren, que mide varios cientos de metros y pesa lo que un edificio, no fue consultado. La locomotora lo impactó y el tráiler terminó volcado, panza arriba, como tortuga en hora pico.
Lo primero, lo importante: no hubo lesionados. Protección Civil estatal y municipal acordonó, revisó y descartó riesgos. Aplausos para ellos, que siempre llegan a limpiar los cálculos ajenos.
Ahora, la reflexión filosófica. ¿En qué momento de la vida de un conductor se cruza el pensamiento 'yo creo que sí le gano'? Porque ese cálculo no es de física, es de fe. Es la misma fe con la que en esta ciudad la gente se mete a la lateral sin direccional, se estaciona en doble fila 'nada más tantito' y cruza el amarillo convencido de que el semáforo es una sugerencia amable. El tren, señores, no es una sugerencia. El tren es una de las poquísimas cosas en Nuevo León que no negocia, no se ampara y no tiene palanca.
Que conste que el tráiler no está solo: cada semana el cauce del río, los puentes y las avenidas nos recuerdan que aquí manejamos como si el seguro cubriera la testarudez. Ojalá la volcadura sirva de recordatorio gratuito: contra el tren, siempre pierdes. Y si lo dudas, pregúntale a la avenida Las Américas, que amaneció con un tráiler de adorno.
Lo primero, lo importante: no hubo lesionados. Protección Civil estatal y municipal acordonó, revisó y descartó riesgos. Aplausos para ellos, que siempre llegan a limpiar los cálculos ajenos.
Ahora, la reflexión filosófica. ¿En qué momento de la vida de un conductor se cruza el pensamiento 'yo creo que sí le gano'? Porque ese cálculo no es de física, es de fe. Es la misma fe con la que en esta ciudad la gente se mete a la lateral sin direccional, se estaciona en doble fila 'nada más tantito' y cruza el amarillo convencido de que el semáforo es una sugerencia amable. El tren, señores, no es una sugerencia. El tren es una de las poquísimas cosas en Nuevo León que no negocia, no se ampara y no tiene palanca.
Que conste que el tráiler no está solo: cada semana el cauce del río, los puentes y las avenidas nos recuerdan que aquí manejamos como si el seguro cubriera la testarudez. Ojalá la volcadura sirva de recordatorio gratuito: contra el tren, siempre pierdes. Y si lo dudas, pregúntale a la avenida Las Américas, que amaneció con un tráiler de adorno.