Celaya y el 911: 93 mil llamadas para nada (y sumando)
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El número 911 existe para salvar vidas. En Celaya, además, existe para todo lo demás. De enero a julio de 2026, el sistema de emergencias registró más de 93 mil llamadas improcedentes, frente a 77 mil 098 que sí correspondían a una emergencia real. Es decir: se marcó más para nada que para algo.
Detrás de cada llamada procedente hubo un accidente, un robo, un incendio, una urgencia médica. Detrás de las otras 93 mil hubo... el gran misterio celayense. Bromas, equivocaciones, botones oprimidos en la bolsa del pantalón, pruebas de 'a ver si sí jala', quejas que no eran emergencia y esa fauna eterna del que llama para preguntar la hora. Los operadores, mientras tanto, contestando una tras otra sin saber si del otro lado hay una tragedia o un niño jugando.
El desglose de las llamadas válidas confirma lo previsible: la Policía concentró la mayor cantidad de reportes, seguida de Protección Civil, Tránsito y la Cruz Roja. Un mapa fiel de las preocupaciones de la ciudad. Pero el dato que se roba la función es el otro: cada llamada falsa ocupa una línea, distrae a un operador y, en el peor de los casos, hace esperar a quien de verdad tiene una emergencia entre las manos.
Marcar al 911 de a mentiritas no es travesura inofensiva: es quitarle el turno a alguien que puede estar contando los segundos. Y sin embargo, ahí van los 93 mil, batiendo su propio récord como si el número de emergencias fuera una línea de quejas, de bromas o de compañía a media madrugada.
Ojalá el siguiente semestre la estadística se voltee y las llamadas procedentes le ganen por goleada a las improcedentes. Mientras tanto, un recordatorio de servicio público, gratis y sin costo de llamada: el 911 no es para probar el teléfono. Para eso está, todavía, marcarle a la suegra.
Detrás de cada llamada procedente hubo un accidente, un robo, un incendio, una urgencia médica. Detrás de las otras 93 mil hubo... el gran misterio celayense. Bromas, equivocaciones, botones oprimidos en la bolsa del pantalón, pruebas de 'a ver si sí jala', quejas que no eran emergencia y esa fauna eterna del que llama para preguntar la hora. Los operadores, mientras tanto, contestando una tras otra sin saber si del otro lado hay una tragedia o un niño jugando.
El desglose de las llamadas válidas confirma lo previsible: la Policía concentró la mayor cantidad de reportes, seguida de Protección Civil, Tránsito y la Cruz Roja. Un mapa fiel de las preocupaciones de la ciudad. Pero el dato que se roba la función es el otro: cada llamada falsa ocupa una línea, distrae a un operador y, en el peor de los casos, hace esperar a quien de verdad tiene una emergencia entre las manos.
Marcar al 911 de a mentiritas no es travesura inofensiva: es quitarle el turno a alguien que puede estar contando los segundos. Y sin embargo, ahí van los 93 mil, batiendo su propio récord como si el número de emergencias fuera una línea de quejas, de bromas o de compañía a media madrugada.
Ojalá el siguiente semestre la estadística se voltee y las llamadas procedentes le ganen por goleada a las improcedentes. Mientras tanto, un recordatorio de servicio público, gratis y sin costo de llamada: el 911 no es para probar el teléfono. Para eso está, todavía, marcarle a la suegra.