Modo avión, cartera en pánico y pozole de reliquia: el septiembre que nos merecemos
Tamaño de letra
Septiembre aterrizó con su cargamento anual de banderitas de plástico, cornetas para niños y la promesa solemne de que este país se sostiene, un año más, con cinta adhesiva tricolor. Bienvenidos al mes en que hasta el pozole cotiza como joya de familia y la patria se mide en litros de cerveza por invitado.
Empecemos por la escena más tierna de la política reciente: en Silao, Morena reunió a su tropa guanajuatense para afinar la operación rumbo al Informe y, como gran gesto de unidad, decidió que los celulares se quedaran afuera del salón. Nada dice "caminamos todas y todos juntos" como cachear a los correligionarios en la puerta para que la unidad no se escape por WhatsApp. Uno entendería la precaución si trataran secretos de Estado, pero el pendiente era quién se queda con qué municipio: justo el tipo de intimidad que todos quieren grabar. Cerraron filas tan fuerte que ni el aire salió.
Mientras tanto, un sector del PAN encontró un destino más ambicioso que Silao: Bruselas. Fueron hasta el Parlamento Europeo a entregar una carta preocupados por el deterioro de la democracia mexicana, en el gesto más audaz de outsourcing de la indignación que se recuerde. Porque nada fortalece los contrapesos internos como pedirle a un continente que queda a doce horas de vuelo que, por favor, nos vigile. Uno imagina al eurodiputado promedio buscando Guanajuato en el mapa con la misma soltura con que nosotros ubicamos Valonia.
En el terreno de la austeridad republicana —esa figura mitológica—, el proyecto de presupuesto confirma que en 2027 cada diputado federal rondará el millón seiscientos mil pesos de percepción bruta al año. La buena noticia, nos dicen, es que su ingreso neto baja unos once mil pesos frente a este año: un sacrificio tan conmovedor que casi amerita colecta. Once mil pesos son, más o menos, lo que una familia gastará de más este mes en playeras tricolor y cornetas, según los propios contadores del país. La patria: donde el diputado "se aprieta el cinturón" lo que a ti se te va en matracas.
Y ya que hablamos de fugas de dinero, las cámaras empresariales calculan que las Fiestas Patrias moverán casi cuarenta mil millones de pesos, el equivalente —según el cálculo más mexicano jamás hecho— a quinientos cincuenta millones de platos de pozole. Es hermoso saber que nuestra soberanía se contabiliza en granos de maíz cacahuazintle. Lo que no aparece en el presupuesto familiar son los "gastos hormiga": la banderita para el coche, el sombrero de charro de fantasía, el silbato que el niño perderá antes del Grito. Celebrar la Independencia sale carísimo; irónico, tratándose de una fiesta sobre dejar de pagarle a la Corona.
Para quienes lleven el festejo demasiado lejos, la ciudad ya publicó el menú de El Torito, y es —sin exagerar— más ambicioso que la carta de muchas fondas: tostadas de tinga, de pata, de papa con chorizo y arroz rojo. Nunca la consecuencia de manejar borracho sonó tan a comida corrida. Uno casi sospecha que el operativo compite por estrella Michelin.
En la Alameda floreció, mientras tanto, una innovación digna de escuela de negocios: el anillo de fantasía a veinte pesos que, letra por letra grabada, escala hasta doscientos. Si te llamas Guadalupe, felicidades: acabas de financiar el modelo de negocio. El servicio incluye, sin costo adicional, hasta tres personajes que aparecen a "sugerir" que pagues. Es el único lugar del país donde tener nombre largo se volvió un lujo fiscal.
El transporte no se queda atrás en el espíritu festivo. La Línea 2 del Metro acumula más de quinientas fallas en lo que va del año —entre frenos, puertas y señalización—, demostrando que la única infraestructura verdaderamente resiliente de esta ciudad es la paciencia del usuario. Y en el Parque México los andadores se volvieron pista de salsa y bachata de fin de semana, con módico cobro de ciento cincuenta pesos, así que ahora los peatones bailan sin querer mientras intentan cruzar. Solaz, decían los vecinos. Reguetón con clase, contestó el parque.
Cierre patrio: entre la pirotecnia que media república ya quiere prohibir por los perros, el aire y los dedos, y los columnistas que descubrieron el "modelo biocéntrico" para explicar que a los lomitos no les gustan los cohetes —cosa que cualquier abuelita sabía desde 1950—, este septiembre nos deja una moraleja clara: gritamos "¡Viva México!" con el celular en modo avión, la cartera en modo pánico y el pozole en modo reliquia. Que viva, pues. Y que aguante otro año con la cinta tricolor bien puesta.
Empecemos por la escena más tierna de la política reciente: en Silao, Morena reunió a su tropa guanajuatense para afinar la operación rumbo al Informe y, como gran gesto de unidad, decidió que los celulares se quedaran afuera del salón. Nada dice "caminamos todas y todos juntos" como cachear a los correligionarios en la puerta para que la unidad no se escape por WhatsApp. Uno entendería la precaución si trataran secretos de Estado, pero el pendiente era quién se queda con qué municipio: justo el tipo de intimidad que todos quieren grabar. Cerraron filas tan fuerte que ni el aire salió.
Mientras tanto, un sector del PAN encontró un destino más ambicioso que Silao: Bruselas. Fueron hasta el Parlamento Europeo a entregar una carta preocupados por el deterioro de la democracia mexicana, en el gesto más audaz de outsourcing de la indignación que se recuerde. Porque nada fortalece los contrapesos internos como pedirle a un continente que queda a doce horas de vuelo que, por favor, nos vigile. Uno imagina al eurodiputado promedio buscando Guanajuato en el mapa con la misma soltura con que nosotros ubicamos Valonia.
En el terreno de la austeridad republicana —esa figura mitológica—, el proyecto de presupuesto confirma que en 2027 cada diputado federal rondará el millón seiscientos mil pesos de percepción bruta al año. La buena noticia, nos dicen, es que su ingreso neto baja unos once mil pesos frente a este año: un sacrificio tan conmovedor que casi amerita colecta. Once mil pesos son, más o menos, lo que una familia gastará de más este mes en playeras tricolor y cornetas, según los propios contadores del país. La patria: donde el diputado "se aprieta el cinturón" lo que a ti se te va en matracas.
Y ya que hablamos de fugas de dinero, las cámaras empresariales calculan que las Fiestas Patrias moverán casi cuarenta mil millones de pesos, el equivalente —según el cálculo más mexicano jamás hecho— a quinientos cincuenta millones de platos de pozole. Es hermoso saber que nuestra soberanía se contabiliza en granos de maíz cacahuazintle. Lo que no aparece en el presupuesto familiar son los "gastos hormiga": la banderita para el coche, el sombrero de charro de fantasía, el silbato que el niño perderá antes del Grito. Celebrar la Independencia sale carísimo; irónico, tratándose de una fiesta sobre dejar de pagarle a la Corona.
Para quienes lleven el festejo demasiado lejos, la ciudad ya publicó el menú de El Torito, y es —sin exagerar— más ambicioso que la carta de muchas fondas: tostadas de tinga, de pata, de papa con chorizo y arroz rojo. Nunca la consecuencia de manejar borracho sonó tan a comida corrida. Uno casi sospecha que el operativo compite por estrella Michelin.
En la Alameda floreció, mientras tanto, una innovación digna de escuela de negocios: el anillo de fantasía a veinte pesos que, letra por letra grabada, escala hasta doscientos. Si te llamas Guadalupe, felicidades: acabas de financiar el modelo de negocio. El servicio incluye, sin costo adicional, hasta tres personajes que aparecen a "sugerir" que pagues. Es el único lugar del país donde tener nombre largo se volvió un lujo fiscal.
El transporte no se queda atrás en el espíritu festivo. La Línea 2 del Metro acumula más de quinientas fallas en lo que va del año —entre frenos, puertas y señalización—, demostrando que la única infraestructura verdaderamente resiliente de esta ciudad es la paciencia del usuario. Y en el Parque México los andadores se volvieron pista de salsa y bachata de fin de semana, con módico cobro de ciento cincuenta pesos, así que ahora los peatones bailan sin querer mientras intentan cruzar. Solaz, decían los vecinos. Reguetón con clase, contestó el parque.
Cierre patrio: entre la pirotecnia que media república ya quiere prohibir por los perros, el aire y los dedos, y los columnistas que descubrieron el "modelo biocéntrico" para explicar que a los lomitos no les gustan los cohetes —cosa que cualquier abuelita sabía desde 1950—, este septiembre nos deja una moraleja clara: gritamos "¡Viva México!" con el celular en modo avión, la cartera en modo pánico y el pozole en modo reliquia. Que viva, pues. Y que aguante otro año con la cinta tricolor bien puesta.