El cónclave del modo avión: guardan los celulares para que no se escape la unidad
Tamaño de letra
Hay reuniones que se blindan por seguridad nacional. Y hay reuniones que se blindan porque, si alguien graba, la "unidad" dura menos que un cohete de a peso. En Silao, el morenismo guanajuatense optó por la segunda modalidad: convocó a su estructura para organizar la operación rumbo al segundo Informe de la Presidenta y, por aquello de que a alguien le ganara la tentación de contar de más, los teléfonos se quedaron cortésmente en la puerta.
El encargado de la ceremonia llamó a cerrar filas y a "destacar lo que se ha avanzado gracias a la unidad". Conmovedor. Solo que la unidad, cuando se predica en un salón sin señal, empieza a oler menos a comunión y más a acuerdo de no agresión firmado con los dedos cruzados. Porque el verdadero tema del cónclave no era el Informe: era la disputa entre senadores por ver quién controla qué, y las aspiraciones de varios cuadros que quieren competir por municipios donde, hay que decirlo con delicadeza, no nacieron ni construyeron carrera. Detalles.
Preguntado por esas ambiciones territoriales, el maestro de ceremonias respondió con la elegancia de quien camina sobre hielo: que se aceptarán a todas y a todos, y que se apoyará "el mecanismo que determine el partido". Traducción del náhuatl político: nadie está fuera, nadie está adentro, y el que se queje que lo haga sin cámara. Es la definición manualesca de la unidad guinda: todos juntos, siempre y cuando nadie apunte con qué.
Lo mejor del asunto es la puesta en escena. Uno imagina la mesita a la entrada, la canasta llenándose de smartphones, el guardia inventariando aparatos como en la aduana, y adentro un cuarto lleno de gente que se abraza jurándose lealtad eterna mientras calcula, en silencio, la candidatura del de junto. Si la unidad hay que protegerla del propio celular de los aliados, quizá el problema no era la batería. Que tengan buen Informe. Y que alguien, por favor, les devuelva sus teléfonos: los van a necesitar para el próximo desmentido.
El encargado de la ceremonia llamó a cerrar filas y a "destacar lo que se ha avanzado gracias a la unidad". Conmovedor. Solo que la unidad, cuando se predica en un salón sin señal, empieza a oler menos a comunión y más a acuerdo de no agresión firmado con los dedos cruzados. Porque el verdadero tema del cónclave no era el Informe: era la disputa entre senadores por ver quién controla qué, y las aspiraciones de varios cuadros que quieren competir por municipios donde, hay que decirlo con delicadeza, no nacieron ni construyeron carrera. Detalles.
Preguntado por esas ambiciones territoriales, el maestro de ceremonias respondió con la elegancia de quien camina sobre hielo: que se aceptarán a todas y a todos, y que se apoyará "el mecanismo que determine el partido". Traducción del náhuatl político: nadie está fuera, nadie está adentro, y el que se queje que lo haga sin cámara. Es la definición manualesca de la unidad guinda: todos juntos, siempre y cuando nadie apunte con qué.
Lo mejor del asunto es la puesta en escena. Uno imagina la mesita a la entrada, la canasta llenándose de smartphones, el guardia inventariando aparatos como en la aduana, y adentro un cuarto lleno de gente que se abraza jurándose lealtad eterna mientras calcula, en silencio, la candidatura del de junto. Si la unidad hay que protegerla del propio celular de los aliados, quizá el problema no era la batería. Que tengan buen Informe. Y que alguien, por favor, les devuelva sus teléfonos: los van a necesitar para el próximo desmentido.