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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Nuevo León • Nota • 14 de septiembre de 2026

Pechocho, el delfín que unió a Monterrey con un mar que le queda a mil kilómetros

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Pechocho, el delfín que unió a Monterrey con un mar que le queda a mil kilómetros
De todas las causas que uno esperaría ver defendidas en pleno cruce de Zaragoza y Morelos, un delfín sinaloense no encabezaba la lista. Y sin embargo, este domingo, frente a Paseo Morelos y bajo el sol regio de 37 grados, un grupo de ciudadanos se sumó a la jornada nacional en defensa de la Bahía de Ohuira, en Topolobampo, Sinaloa, donde comunidades Mayo Yoreme, pescadores y habitantes llevan años oponiéndose a la construcción de una planta de amoniaco. El emblema de la lucha: Pechocho, un delfín convertido en símbolo.

Detengámonos en la poesía involuntaria del asunto. Monterrey, esa ciudad orgullosamente seca, cuyo contacto más cercano con la vida marina es el ceviche de los martes y el acuario del zoológico, salió a la calle a defender a un delfín que vive a mil kilómetros de distancia. No hay mar, no hay bahía, no hay siquiera un río con agua confiable, pero hay solidaridad. Y eso, en el fondo, es lo bonito: que la indignación ambiental no necesita pasaporte ni costa.

Ahora bien, seamos justos con la causa, que es seria: una planta de amoniaco en una bahía con comunidades indígenas y pescadores no es tema de caricatura, y quienes la combaten llevan años dando una pelea real contra un proyecto industrial de gran calado. El colectivo “¡Aquí No!” ha convertido a Pechocho en su mascota precisamente porque un delfín conmueve más que un dictamen de impacto ambiental de trescientas páginas. Estrategia de comunicación impecable: nadie sale a marchar por un anexo técnico, pero todos marchan por Pechocho.

Lo surrealista es el contraste geográfico. Mientras en Culiacán marchan por la paz y en otros municipios sinaloenses cancelan desfiles por inseguridad, en Monterrey el conflicto sinaloense del fin de semana fue… un cetáceo. Cada quien recibe de Sinaloa lo que le toca. A unos les toca el operativo con siete vehículos asegurados afuera de la casa del gobernador con licencia; a Monterrey le tocó el delfín. Hay repartos peores.

Que conste el respeto: defender el medio ambiente desde otra entidad es un gesto que dignifica, y ridiculizar la causa no está en el guion. Lo que sí da para una sonrisa es la escena. Regiomontanos coreando “¡Aquí no!” en una banqueta donde, honestamente, tampoco había amenaza de que instalaran la planta. Pero el mensaje viajó, el delfín tiene fans nuevos en el norte y la Bahía de Ohuira ganó voces donde menos lo esperaba. Nade libre, Pechocho. Aunque sea en la imaginación de una ciudad sin playa.