La oposición más consecuente de México tiene cinco años y es de peluche
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Que nadie diga que en este país ya no hay causas nobles. Mientras el resto de la República discute recortes, austeridad y "servicios públicos", en la Ciudad de México la exalcaldesa de Cuauhtémoc, Sandra Cuevas, organizó una fiesta para celebrar los cinco años de su oso de peluche, bautizado Daniell. Temática francesa, pastel de tres pisos y, según trascendió, hasta un viaje a París. Porque si vas a festejar a un peluche, lo mínimo es hacerlo con acento.
Hay que reconocer la coherencia. En una época donde a los políticos les da pena presumir el reloj, aquí tenemos a alguien que abraza sin complejos el género que mejor domina la clase política mexicana: el evento con causa dudosa y presupuesto generoso. La diferencia es que Daniell no promete obras, no inaugura banquetas dos veces ni corta listones que luego se vuelven a caer. Daniell solo posa, sonríe con su carita de fieltro y no le contesta a la prensa. Un cuadro presidenciable, la verdad.
Las redes, previsiblemente, tundieron a la exfuncionaria por la extravagancia. Y sí, comprendemos el escozor ciudadano: es difícil ver un pastel de tres pisos cuando la propia cena del Grito subió 16% y muchos hogares festejan con un pozole rendido a fuerza de más agua que grano. Pero seamos justos: nadie salió a marchar por el peluche, nadie le pidió transparentar de dónde salió el viaje, y el oso, hasta donde se sabe, no aparece en ninguna carpeta de investigación. Ya quisieran varios cargos públicos ese expediente tan limpio.
En El Destiempo proponemos institucionalizar el asunto. Si Daniell cumple seis años con el mismo boato, exijamos al menos un informe de gobierno: metros de listón cortados, kilos de betún ejercidos, número de selfies con impacto social. Total, un peluche que junta multitudes, sale en las noticias y genera derrama en pastelerías francesas ya tiene más estructura que muchos aspirantes de verdad. Que le pongan filtros severos a los candidatos, sí; a Daniell déjenlo en paz, que es el único que llegó a la fiesta sin agenda oculta.
Viva la patria, viva la independencia y viva el oso, que a diferencia de otros, al menos no promete nada.
Hay que reconocer la coherencia. En una época donde a los políticos les da pena presumir el reloj, aquí tenemos a alguien que abraza sin complejos el género que mejor domina la clase política mexicana: el evento con causa dudosa y presupuesto generoso. La diferencia es que Daniell no promete obras, no inaugura banquetas dos veces ni corta listones que luego se vuelven a caer. Daniell solo posa, sonríe con su carita de fieltro y no le contesta a la prensa. Un cuadro presidenciable, la verdad.
Las redes, previsiblemente, tundieron a la exfuncionaria por la extravagancia. Y sí, comprendemos el escozor ciudadano: es difícil ver un pastel de tres pisos cuando la propia cena del Grito subió 16% y muchos hogares festejan con un pozole rendido a fuerza de más agua que grano. Pero seamos justos: nadie salió a marchar por el peluche, nadie le pidió transparentar de dónde salió el viaje, y el oso, hasta donde se sabe, no aparece en ninguna carpeta de investigación. Ya quisieran varios cargos públicos ese expediente tan limpio.
En El Destiempo proponemos institucionalizar el asunto. Si Daniell cumple seis años con el mismo boato, exijamos al menos un informe de gobierno: metros de listón cortados, kilos de betún ejercidos, número de selfies con impacto social. Total, un peluche que junta multitudes, sale en las noticias y genera derrama en pastelerías francesas ya tiene más estructura que muchos aspirantes de verdad. Que le pongan filtros severos a los candidatos, sí; a Daniell déjenlo en paz, que es el único que llegó a la fiesta sin agenda oculta.
Viva la patria, viva la independencia y viva el oso, que a diferencia de otros, al menos no promete nada.