Grítenle a la patria (con moderación): el instructivo guanajuatense para festejar sin lesionados oficiales
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Llegó septiembre, el mes en que el país entero se cuelga la banda tricolor y Guanajuato saca a relucir su virtud más elogiada: la de planear a lo grande. Y no cualquier cosa. Mientras usted se angustia por si le alcanza la quincena, en Palacio ya calcularon las pensiones del ISSEG hasta el año 2065, con una proyección perenne de cien años. Cien. Es decir, hay funcionarios cuyos bisnietos todavía no nacen y ya tienen apartado el aguinaldo. Uno no sabe si aplaudir la responsabilidad actuarial o pedirles de una vez los números del Melate. Presumen, además, que Guanajuato es el único estado que mide su viabilidad con hipótesis demográficas propias. Aplausos: aquí hasta el futuro se hace a la medida.
Mientras tanto, en el Congreso, un grupo de diputados tuvo una idea que en cualquier otro rincón del planeta sería redundante: una ley para evitar que los apoyos públicos beneficien a servidores públicos y a sus familiares… hasta el cuarto grado. Léalo otra vez: cuarto grado. Alguien, en algún escritorio, se sentó a dibujar el árbol genealógico completo y concluyó que sí, que convenía cerrarle la puerta hasta al primo hermano. Que exista la iniciativa es una buena noticia; que haga falta ponerla por escrito es la nota completa.
Pero la joya de la corona patria cayó del cielo. El domingo se soltó tal granizada sobre Aldama, en Irapuato, que las calles amanecieron blancas como postal decembrina, solo que sin Santa Claus y con el refri echado a perder. Se desbordó un canal de riego, entró el agua a las casas, y el gobierno municipal salió a informar, muy oronda, que no hubo lesionados. El detalle es que el gobierno del estado, ese mismísimo día, reportó cinco. No cinco mil: cinco. Una cifra tan pequeña que incomoda más, porque no hay margen para el redondeo. Tenemos un estado que planea sus finanzas hasta 2065, pero que no cuadra con su municipio cuántos raspones dejó una tormenta de un domingo. Coordinación interinstitucional, le dicen. O terapia de pareja.
La gravedad también hizo de las suyas en la Celaya–Salamanca, donde volcó un tráiler cargado de carne de cerdo y res. Lo que siguió fue una clase de economía informal en tiempo real: vecinos de las colonias cercanas llegaron con cajas, con bolsas y —el toque autóctono— con cobijas, a llevarse las piezas. Nada dice «mes patrio» como una carne asada patrocinada por la física newtoniana. Que conste: la mercancía, dirán los improvisados carniceros, no era de nadie que la estuviera cuidando en ese preciso momento.
Porque el guanajuatense festeja, eso nadie lo discute. En Irapuato, Fiscalización detectó 25 fiestas clandestinas —con cobro de entrada, promoción en redes y venta de alcohol adulterado—, lo que confirma que aquí hasta el desorden tiene modelo de negocio. Y en León, tras aplicar más de diez mil pruebas antidoping a operadores del transporte, salieron 32 positivos: estadísticamente una minucia, humanamente 32 razones para fijarse bien quién maneja el camión de las seis de la mañana.
El IMSS, mientras tanto, hace el llamado de siempre: festejar con moderación, no manejar borracho, cuidar la alimentación. Consejo sensato que chocará, sin remedio, contra el tráiler de carne y las 25 fiestas ya mencionadas. Y para cerrar la semana con visita ilustre, la mañanera presidencial aterriza en Guanajuato este viernes, donde se espera hablar del agua, del Acueducto Solís–León y del tren de pasajeros. Traducción: los tres temas de los que llevamos años platicando sin ver ni una gota, ni un riel, ni un boleto.
Así que ya sabe: grite la Independencia con todo el pulmón, pero con moderación. Si algo enseña esta semana es que en Guanajuato el futuro está asegurado hasta 2065, siempre y cuando sobreviva al granizo, al alcohol adulterado y a la carretera. Viva México, y viva el que llegó primero a la carne.
Mientras tanto, en el Congreso, un grupo de diputados tuvo una idea que en cualquier otro rincón del planeta sería redundante: una ley para evitar que los apoyos públicos beneficien a servidores públicos y a sus familiares… hasta el cuarto grado. Léalo otra vez: cuarto grado. Alguien, en algún escritorio, se sentó a dibujar el árbol genealógico completo y concluyó que sí, que convenía cerrarle la puerta hasta al primo hermano. Que exista la iniciativa es una buena noticia; que haga falta ponerla por escrito es la nota completa.
Pero la joya de la corona patria cayó del cielo. El domingo se soltó tal granizada sobre Aldama, en Irapuato, que las calles amanecieron blancas como postal decembrina, solo que sin Santa Claus y con el refri echado a perder. Se desbordó un canal de riego, entró el agua a las casas, y el gobierno municipal salió a informar, muy oronda, que no hubo lesionados. El detalle es que el gobierno del estado, ese mismísimo día, reportó cinco. No cinco mil: cinco. Una cifra tan pequeña que incomoda más, porque no hay margen para el redondeo. Tenemos un estado que planea sus finanzas hasta 2065, pero que no cuadra con su municipio cuántos raspones dejó una tormenta de un domingo. Coordinación interinstitucional, le dicen. O terapia de pareja.
La gravedad también hizo de las suyas en la Celaya–Salamanca, donde volcó un tráiler cargado de carne de cerdo y res. Lo que siguió fue una clase de economía informal en tiempo real: vecinos de las colonias cercanas llegaron con cajas, con bolsas y —el toque autóctono— con cobijas, a llevarse las piezas. Nada dice «mes patrio» como una carne asada patrocinada por la física newtoniana. Que conste: la mercancía, dirán los improvisados carniceros, no era de nadie que la estuviera cuidando en ese preciso momento.
Porque el guanajuatense festeja, eso nadie lo discute. En Irapuato, Fiscalización detectó 25 fiestas clandestinas —con cobro de entrada, promoción en redes y venta de alcohol adulterado—, lo que confirma que aquí hasta el desorden tiene modelo de negocio. Y en León, tras aplicar más de diez mil pruebas antidoping a operadores del transporte, salieron 32 positivos: estadísticamente una minucia, humanamente 32 razones para fijarse bien quién maneja el camión de las seis de la mañana.
El IMSS, mientras tanto, hace el llamado de siempre: festejar con moderación, no manejar borracho, cuidar la alimentación. Consejo sensato que chocará, sin remedio, contra el tráiler de carne y las 25 fiestas ya mencionadas. Y para cerrar la semana con visita ilustre, la mañanera presidencial aterriza en Guanajuato este viernes, donde se espera hablar del agua, del Acueducto Solís–León y del tren de pasajeros. Traducción: los tres temas de los que llevamos años platicando sin ver ni una gota, ni un riel, ni un boleto.
Así que ya sabe: grite la Independencia con todo el pulmón, pero con moderación. Si algo enseña esta semana es que en Guanajuato el futuro está asegurado hasta 2065, siempre y cuando sobreviva al granizo, al alcohol adulterado y a la carretera. Viva México, y viva el que llegó primero a la carne.