Operación Lomo: Zacapu esconde a los perros callejeros para que no arruinen la carrera
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De todas las obras de logística que este gobierno ha presumido, ninguna tan conmovedora como la de Zacapu: para su carrera ciclista de este 15 de septiembre, el ayuntamiento anunció que resguardará a los perros callejeros para evitar accidentes durante la competencia. Uno lee la nota dos veces por si entendió mal, pero no: el municipio va a localizar, juntar y poner a buen resguardo a los perros sin dueño… por un día.
Aplaudamos la sensibilidad, que sin duda salvará colas y ruedas. Pero permítannos la travesura de señalar la moraleja involuntaria: resulta que sí se puede. Sí se puede ubicar a los que andan sueltos, sí se puede convocar personal, sí se puede armar un operativo cuando hay voluntad (y cronómetro). El detalle es que la voluntad aparece cuando el que viene en la bici trae número y patrocinador, no el resto de los 364 días del año.
El perro zacapense vivirá, aunque sea por unas horas, algo que muchos por acá envidiarían: certeza sobre su paradero, techo garantizado y un municipio pendiente de que no le pase nada. Terminada la carrera, se abrirá la puerta, cada quien a su banqueta y hasta la próxima competencia. Es el bienestar animal en formato edición limitada, con vigencia de medio maratón.
No nos malinterpreten: proteger a los animales para que no haya accidentes está bien, muy bien. Lo que pica es el contraste. En un estado donde tantas cosas andan sueltas y sin quién las recoja, es entrañable que la primera 'recolecta' perfectamente planeada sea la de los lomitos, y que sea para cuidar la foto de la carrera. Ojalá el operativo salga tan redondo como las llantas. Y ojalá, algún día, esa misma eficiencia se estrene sin necesidad de que alguien venga pedaleando.
Aplaudamos la sensibilidad, que sin duda salvará colas y ruedas. Pero permítannos la travesura de señalar la moraleja involuntaria: resulta que sí se puede. Sí se puede ubicar a los que andan sueltos, sí se puede convocar personal, sí se puede armar un operativo cuando hay voluntad (y cronómetro). El detalle es que la voluntad aparece cuando el que viene en la bici trae número y patrocinador, no el resto de los 364 días del año.
El perro zacapense vivirá, aunque sea por unas horas, algo que muchos por acá envidiarían: certeza sobre su paradero, techo garantizado y un municipio pendiente de que no le pase nada. Terminada la carrera, se abrirá la puerta, cada quien a su banqueta y hasta la próxima competencia. Es el bienestar animal en formato edición limitada, con vigencia de medio maratón.
No nos malinterpreten: proteger a los animales para que no haya accidentes está bien, muy bien. Lo que pica es el contraste. En un estado donde tantas cosas andan sueltas y sin quién las recoja, es entrañable que la primera 'recolecta' perfectamente planeada sea la de los lomitos, y que sea para cuidar la foto de la carrera. Ojalá el operativo salga tan redondo como las llantas. Y ojalá, algún día, esa misma eficiencia se estrene sin necesidad de que alguien venga pedaleando.