Patria, ¿cuánto te debo? Manual para gritar Independencia sin quedar en la ruina (ni bajo resguardo naval)
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México cumple 216 años de haberse independizado de España y, para celebrarlo, cada familia se declaró oficialmente dependiente de sus ahorros. Bienvenidos a la única fiesta del mundo donde conmemoramos la libertad apretándonos el cinturón hasta el último orificio.
Empecemos por lo esencial: el presupuesto. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes hizo la cuenta y salir a gritar “¡Viva!” en restaurantes, bares y antros puede costar hasta 16 mil 500 pesos para diez personas, un 18% más que el año pasado. Traducido a la unidad de medida nacional, son más de 52 días de salario mínimo por una noche de tequila y confeti. Los que optaron por la resistencia doméstica tampoco la libraron: la cena en casa subió y hubo quien empezó a ahorrar desde agosto, dejó de comprar fruta y puso el maíz a hervir con cal desde la víspera, porque —nos recuerda una vecina de Tláhuac— nadie contabiliza que el gas también está carísimo. El Grito, ese instante en que juramos que la Patria es primero, cuesta lo mismo que dieciocho despensas.
Para cuidar la fiesta, la Ciudad de México desplegará 13 mil 107 policías, mil 436 patrullas y hasta un helicóptero del agrupamiento Cóndores sobrevolando el Zócalo. Reconfortante: habrá casi un uniformado por cada peso que costó la cena. Y por si el entusiasmo cívico se desborda, media ciudad amaneció con Ley Seca y en Guanajuato el único municipio que decidió cerrar la llave del alcohol fue, con exquisita ironía, Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia. Nada dice “libertad” como prohibir la chela justo donde empezó todo.
Hubo, eso sí, un gesto de generosidad estatal: el 16 de septiembre los parquímetros no cobrarán. La Patria nos regala estacionamiento gratuito. Que nadie diga que el gobierno no comparte el pastel: nos toca la rebanada del asfalto.
En el rubro de seguridad nacional, el operativo más contundente del fin de semana no fue contra el crimen organizado, sino contra el placer desorganizado. En pleno Centro, personal de la Secretaría de Administración y Finanzas, con apoyo de la SSC y —atención— la Secretaría de Marina, aseguró 6 mil 900 juguetes y artículos sexuales valuados en dos millones de pesos, por no acreditar su legal procedencia. La Armada de México custodiando 128 bolsas negras de vibradores es, sin duda, la estampa patria que no sabíamos que necesitábamos. Descansen tranquilos: esos aparatos no volverán a operar sin sus papeles en regla.
Mientras tanto, en el capítulo “austeridad republicana”, se supo que el aguinaldo de un senador asciende a 382 mil pesos: 3.6 veces el de la Presidenta. Es decir, un legislador cobra de aguinaldo lo que veintitrés familias gastarían en su Grito más caro. Vivan los héroes que nos dieron patria, y vivan también los que se dieron a sí mismos un bono.
El que no está para fiestas es el peso: cerró en 17.14 por dólar, su peor caída desde junio, borrando de un plumazo las ganancias de septiembre. Nuestra moneda hizo lo mismo que muchos capitalinos: llegó al 15 de septiembre con los bolsillos vacíos.
Pero no todo es crisis; también hay lujo. Aeroméxico decidió servir chile en nogada a 30 mil pies de altura, con salsa preparada a diario para preservar la frescura del símbolo. Nada más mexicano que elevar un platillo virreinal a la clase Premier mientras allá abajo la mayoría calcula si el pozole alcanza para quince. Y desde Teherán, la embajada de Irán anunció que iluminará la Torre Azadi por nuestro aniversario, en señal de “respeto y amistad”. Conmovedor: nos alumbran desde el otro lado del mundo justo cuando aquí discutimos si prender o no los cohetes.
En corto: festejamos 216 años de soberanía con la cartera intervenida, la chela confiscada, los juguetes bajo resguardo naval y el peso en terapia intensiva. Pero eso sí, con estacionamiento gratis y nogada de altura. ¡Viva México, señores! Y viva, sobre todo, quien llegue al 16 sin sobregiro.
Empecemos por lo esencial: el presupuesto. La Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes hizo la cuenta y salir a gritar “¡Viva!” en restaurantes, bares y antros puede costar hasta 16 mil 500 pesos para diez personas, un 18% más que el año pasado. Traducido a la unidad de medida nacional, son más de 52 días de salario mínimo por una noche de tequila y confeti. Los que optaron por la resistencia doméstica tampoco la libraron: la cena en casa subió y hubo quien empezó a ahorrar desde agosto, dejó de comprar fruta y puso el maíz a hervir con cal desde la víspera, porque —nos recuerda una vecina de Tláhuac— nadie contabiliza que el gas también está carísimo. El Grito, ese instante en que juramos que la Patria es primero, cuesta lo mismo que dieciocho despensas.
Para cuidar la fiesta, la Ciudad de México desplegará 13 mil 107 policías, mil 436 patrullas y hasta un helicóptero del agrupamiento Cóndores sobrevolando el Zócalo. Reconfortante: habrá casi un uniformado por cada peso que costó la cena. Y por si el entusiasmo cívico se desborda, media ciudad amaneció con Ley Seca y en Guanajuato el único municipio que decidió cerrar la llave del alcohol fue, con exquisita ironía, Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia. Nada dice “libertad” como prohibir la chela justo donde empezó todo.
Hubo, eso sí, un gesto de generosidad estatal: el 16 de septiembre los parquímetros no cobrarán. La Patria nos regala estacionamiento gratuito. Que nadie diga que el gobierno no comparte el pastel: nos toca la rebanada del asfalto.
En el rubro de seguridad nacional, el operativo más contundente del fin de semana no fue contra el crimen organizado, sino contra el placer desorganizado. En pleno Centro, personal de la Secretaría de Administración y Finanzas, con apoyo de la SSC y —atención— la Secretaría de Marina, aseguró 6 mil 900 juguetes y artículos sexuales valuados en dos millones de pesos, por no acreditar su legal procedencia. La Armada de México custodiando 128 bolsas negras de vibradores es, sin duda, la estampa patria que no sabíamos que necesitábamos. Descansen tranquilos: esos aparatos no volverán a operar sin sus papeles en regla.
Mientras tanto, en el capítulo “austeridad republicana”, se supo que el aguinaldo de un senador asciende a 382 mil pesos: 3.6 veces el de la Presidenta. Es decir, un legislador cobra de aguinaldo lo que veintitrés familias gastarían en su Grito más caro. Vivan los héroes que nos dieron patria, y vivan también los que se dieron a sí mismos un bono.
El que no está para fiestas es el peso: cerró en 17.14 por dólar, su peor caída desde junio, borrando de un plumazo las ganancias de septiembre. Nuestra moneda hizo lo mismo que muchos capitalinos: llegó al 15 de septiembre con los bolsillos vacíos.
Pero no todo es crisis; también hay lujo. Aeroméxico decidió servir chile en nogada a 30 mil pies de altura, con salsa preparada a diario para preservar la frescura del símbolo. Nada más mexicano que elevar un platillo virreinal a la clase Premier mientras allá abajo la mayoría calcula si el pozole alcanza para quince. Y desde Teherán, la embajada de Irán anunció que iluminará la Torre Azadi por nuestro aniversario, en señal de “respeto y amistad”. Conmovedor: nos alumbran desde el otro lado del mundo justo cuando aquí discutimos si prender o no los cohetes.
En corto: festejamos 216 años de soberanía con la cartera intervenida, la chela confiscada, los juguetes bajo resguardo naval y el peso en terapia intensiva. Pero eso sí, con estacionamiento gratis y nogada de altura. ¡Viva México, señores! Y viva, sobre todo, quien llegue al 16 sin sobregiro.