Utopía canina en construcción, plataforma de adopción en obra negra
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Nueve meses después del rescate de los perros del Refugio Franciscano, la Ciudad de México abrió por fin el proceso para adoptar a 777 de ellos a través de un sitio en internet. El plan es noble; la ejecución, muy de nuestros días: la plataforma amaneció con fallas en su primer día de operación. La única fila que no avanzó fue la digital.
Mientras el portal se reiniciaba, el gobierno capitalino no escatimó en anuncios de mayor calado: en Venustiano Carranza habrá un albergue para 600 perros y, en un predio con cuatro hectáreas adicionales, se prevé levantar una “Utopía de Bienestar Canino”. Es decir, la demarcación tendrá su paraíso perruno antes de que el formulario de adopción cargue completo. Hay algo profundamente nacional en prometer el edén mientras el trámite del presente se cuelga.
No todo es material para broma. La propia autoridad reportó 81 decesos entre los animales rescatados, un saldo que recuerda que detrás del anuncio y de la palabra “utopía” hay seres vivos que llevan casi un año esperando. Ahí la sátira se hace a un lado: lo que esos perros necesitaban no era una maqueta con nombre inspirador, sino que la página funcionara desde el primer clic.
El contraste define a la ciudad: somos capaces de bautizar utopías, conseguir cuatro hectáreas y convocar conferencias en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, pero un servidor que aguante la demanda del día uno sigue siendo tecnología de vanguardia inalcanzable. Ojalá la futura utopía canina incluya, entre sus áreas verdes, un pequeño monumento al programador que sí probó el sistema antes de lanzarlo.
A quienes quieran adoptar: paciencia, que la buena intención existe. Solo falta que la plataforma también quiera ser adoptada por alguien que la mantenga de pie.
Mientras el portal se reiniciaba, el gobierno capitalino no escatimó en anuncios de mayor calado: en Venustiano Carranza habrá un albergue para 600 perros y, en un predio con cuatro hectáreas adicionales, se prevé levantar una “Utopía de Bienestar Canino”. Es decir, la demarcación tendrá su paraíso perruno antes de que el formulario de adopción cargue completo. Hay algo profundamente nacional en prometer el edén mientras el trámite del presente se cuelga.
No todo es material para broma. La propia autoridad reportó 81 decesos entre los animales rescatados, un saldo que recuerda que detrás del anuncio y de la palabra “utopía” hay seres vivos que llevan casi un año esperando. Ahí la sátira se hace a un lado: lo que esos perros necesitaban no era una maqueta con nombre inspirador, sino que la página funcionara desde el primer clic.
El contraste define a la ciudad: somos capaces de bautizar utopías, conseguir cuatro hectáreas y convocar conferencias en el Antiguo Palacio del Ayuntamiento, pero un servidor que aguante la demanda del día uno sigue siendo tecnología de vanguardia inalcanzable. Ojalá la futura utopía canina incluya, entre sus áreas verdes, un pequeño monumento al programador que sí probó el sistema antes de lanzarlo.
A quienes quieran adoptar: paciencia, que la buena intención existe. Solo falta que la plataforma también quiera ser adoptada por alguien que la mantenga de pie.