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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Chihuahua • Digest • 16 de septiembre de 2026

Patria, chela y conteo: crónica de un Grito que se contó solito

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Patria, chela y conteo: crónica de un Grito que se contó solito
Hay ceremonias que se miden en emoción y hay ceremonias que se miden en hoja de Excel. El Grito de este año en Chihuahua fue de las segundas. Desde temprano ya había boletín de asistencia: cuatro mil doscientos setenta y uno a las 7:20, cuatro mil doscientos diecisiete un rato después (alguien se fue al baño y no volvió), cinco mil a las 7:30, ocho mil pasadas las ocho y, para el desenlace, la cifra sagrada de las 46 mil almas que solo aparecen cuando conviene. Nunca en la historia patria se había contado a un pueblo con tanto cariño y tan poca coincidencia entre dependencias: la SSPE habló de 21 mil quinientos, otros calcularon 40 mil y el Palacio, generoso, redondeó a 46 mil. La Independencia se ganó con fusiles; el conteo, con calculadora prestada.

Arriba, en el balcón, la gobernadora dio el que será su último Grito de gestión y cerró con un «que viva la vida, que viva la verdad y que viva la libertad». Tres vivas muy bonitos, tres conceptos que en política cotizan como el dólar: todos los invocan, pocos los traen en cartera. Abajo, la verdad tenía otras prioridades: bailaba cumbia, comía elote y esquivaba la lluvia que Protección Civil había anunciado con puntualidad de reloj suizo.

Y ya que hablamos de reloj: el orden en la fiesta duró lo que dura un buen propósito. Terminada la arenga, el Centro amaneció convertido en un tratado científico sobre la capacidad de una ciudad para producir basura más rápido de lo que produce botes. Los tambos se rindieron temprano; el resto de los desechos encontró hogar en bancas, jardineras y banquetas, esa arquitectura improvisada del despapaye nacional. Nada dice «amo a mi patria» como dejarle a mi patria un vaso desechable de recuerdo.

En la capital del país el asunto tuvo un giro castrense: personal militar y sus familiares lograron la hazaña de meter alcohol al Zócalo pese a los filtros de seguridad, y desde las 18:35 ya andaban brindando por la soberanía. Uno entiende la lógica: si tú cuidas los filtros, ¿quién te filtra a ti? La disciplina marcial es admirable hasta que suena el acordeón. Mientras tanto, en los accesos, la policía revisaba mochilas «a simple vista», técnica forense de vanguardia que consiste en verle la cara al bulto y confiar en el instinto.

El instinto, por cierto, tampoco alcanzó para todos. A un joven lo detuvieron rumbo al festejo con cerca de medio millón de pesos en efectivo, porque nada dice «vengo a corear el Cielito Lindo» como cargar la nómina de una colonia entera en la mochila. Ignoramos sus planes; el efectivo, como los conteos, no venía con explicación.

Hablando del Cielito Lindo: la nota tierna de la jornada la puso el embajador de Japón, que se aventó la canción en japonés con sombrero de mariachi. Un diplomático extranjero cantándole a México con más entrega que varios funcionarios que ya ni el playback ensayan. Bienvenido, embajador; aquí el que canta desafina, pero con orgullo.

En el norte de la capital, la modernidad patria rodó sobre cuatro llantas: una «mamalona» tuneada paseó su fervor tricolor a todo volumen, recordándonos que en Chihuahua la Independencia también se celebra con rines, claxon y una bocina que pide asilo político. Menos suerte tuvieron los vendedores alrededor del Ángel, que reportaron ventas bajas: resulta que a la gente le encanta la fiesta gratis y le duele el elote a treinta pesos. El nacionalismo llega hasta donde llega la cartera.

Y en medio de tanto protocolo con presupuesto, la arenga más honesta se dio sin balcón ni pirotecnia: en pleno Centro, un grupo de mujeres trans lanzó su propio antigrito, con vivas por vivir libres de violencia. Sin escenografía, sin conteo inflado, sin boletín de asistencia. A veces el Grito más limpio es el que nadie mandó contar.

Que viva México, que vivan los héroes que nos dieron patria… y que viva, sobre todo, el valiente que mañana barra las jardineras.