La institución del agua perdona más que un cura en cuaresma
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Buenas noticias para quien deba dinero del agua en Juárez: la Junta Municipal de Agua y Saneamiento anda de un generoso que asusta. En apenas ocho meses, de enero a agosto, la dependencia condonó más de 550 millones de pesos a sus usuarios. Quinientos cincuenta millones. Con esa cifra uno esperaría un milagro de gestión; en realidad es un boletín de prensa presumido como logro.
Entre los detalles finos, la JMAS otorgó descuentos a 872 cuentas con tarifa comercial, lo que representó una condonación de poco más de 31 millones de pesos solo en ese rubro. Es decir, mientras el ciudadano promedio cuida cada gota porque le cobran hasta el suspiro, hubo cuentas a las que se les dijo «déjalo, va por la casa». El agua será escasa en el desierto, pero el perdón fiscal fluye como manantial.
Uno agradece la clemencia, no faltaba más. Pero surge la duda contable: si una institución que administra un recurso vital en pleno desierto puede regalar medio billar de pesos en menos de un año, ¿de dónde salía y a dónde iba ese dinero? Porque las tuberías no se reparan con buenas intenciones, y la generosidad de hoy suele ser el recibo abultado de mañana para el que sí paga puntual.
El mensaje que queda flotando es de una honestidad brutal: en Chihuahua, deber luz te mete en problemas, deber predial te complica la vida, pero deber agua puede terminar en descuento con abrazo incluido. Habrá que ver si el año que entra la misma nobleza aplica para la señora de la colonia que trae el recibo atrasado, o si la barra libre de condonaciones era, como casi todo, solo para clientela selecta.
Mientras tanto, celebremos la paradoja: la dependencia que más nos regaña por desperdiciar agua es la misma que reparte millones como si sobraran. Coherencia hídrica de altos vuelos. Salud —con agua de la llave, si es que hoy sí hay.
Entre los detalles finos, la JMAS otorgó descuentos a 872 cuentas con tarifa comercial, lo que representó una condonación de poco más de 31 millones de pesos solo en ese rubro. Es decir, mientras el ciudadano promedio cuida cada gota porque le cobran hasta el suspiro, hubo cuentas a las que se les dijo «déjalo, va por la casa». El agua será escasa en el desierto, pero el perdón fiscal fluye como manantial.
Uno agradece la clemencia, no faltaba más. Pero surge la duda contable: si una institución que administra un recurso vital en pleno desierto puede regalar medio billar de pesos en menos de un año, ¿de dónde salía y a dónde iba ese dinero? Porque las tuberías no se reparan con buenas intenciones, y la generosidad de hoy suele ser el recibo abultado de mañana para el que sí paga puntual.
El mensaje que queda flotando es de una honestidad brutal: en Chihuahua, deber luz te mete en problemas, deber predial te complica la vida, pero deber agua puede terminar en descuento con abrazo incluido. Habrá que ver si el año que entra la misma nobleza aplica para la señora de la colonia que trae el recibo atrasado, o si la barra libre de condonaciones era, como casi todo, solo para clientela selecta.
Mientras tanto, celebremos la paradoja: la dependencia que más nos regaña por desperdiciar agua es la misma que reparte millones como si sobraran. Coherencia hídrica de altos vuelos. Salud —con agua de la llave, si es que hoy sí hay.