El Grito salió a tiempo; la justicia y el agua potable siguen en veremos
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Hubo Grito, hubo pozole y hubo, como cada septiembre, la certeza reconfortante de que en Jalisco la patria se defiende con miles de policías y la esperanza se defiende con impermeable. El Centro de Guadalajara amaneció blindado: elementos por tierra, elementos por aire, un helicóptero sobrevolando a la clientela del mariachi como si Hidalgo fuera a bajar por Paseo Alcalde a levantarse en armas otra vez. Saldo blanco, presumieron las autoridades, y uno lo agradece: en este país que un festejo termine sin novedad ya es, técnicamente, una novedad.
El gobernador salió al balcón a dar la arenga 'sin alusiones de tipo político ni mensajes a ninguna autoridad', detalle que los reporteros subrayaron con ternura, como quien anota que el niño esta vez no rompió nada. Vitoreó a los héroes, vitoreó a las niñas y niños de Jalisco, y se guardó cualquier otra cosa para febrero. Es la nueva modalidad del Grito: patriótico, familiar y jurídicamente inofensivo.
Abajo, entre la multitud uniformada con la playera del Tri —esa que hace unos meses servía para sufrir en el Mundial y hoy sirve para sentirse mexicano sin gastar en traje de charro—, el pueblo cantaba. Cantaba, entre otras cosas, aquello de 'un extraño enemigo' sin tener del todo claro quién es Masiosare, que es justo el nivel de certeza histórica con el que este país celebra casi todo.
Y mientras arriba tronaba la pirotecnia, en Zapopan las autoridades tronaban una granja clandestina… de criptomonedas. Así como lo lee: en una finca de Lomas de Tesistán, con cableado industrial y computadoras a destajo, alguien había montado una mina de monedas virtuales. Uno imaginaba las criptomonedas como algo etéreo, de la nube; resulta que la nube tenía dirección, medidor de luz y, presumiblemente, un recibo de la CFE capaz de hacer llorar a un banco central.
Del agua mejor ni hablamos, pero hablemos. Un análisis detectó metales pesados —plomo, mercurio, aluminio, cromo, hierro— en el suministro, y ya van mil 548 quejas ante la Comisión de Derechos Humanos por la calidad del líquido. Es decir: el tapatío promedio ya no toma agua, toma tabla periódica. Beba usted directo de la llave y estará ingiriendo, en un solo vaso, medio temario de química de secundaria. Lo venden como hidratación; nosotros lo llamamos suplemento de hierro con extras minerales.
Para acompañar ese coctel geológico estaba el pozole, coronado este año como el platillo más caro de la cena patria. Bajaron el cerdo, el maíz y la cebolla, dicen, y aun así servir un pozole decente exige un pequeño rescate financiero familiar. Celebrar la Independencia económica de México cuesta, hoy, aproximadamente una quincena. Ironías de la patria: nos independizamos de la Corona en 1810 y seguimos dependiendo del precio del maíz.
En el terreno de la ley, por fin cerró —seis años después— el caso Giovanni López: un expolicía de Ixtlahuacán de los Membrillos fue sentenciado a 14 años por aquella detención de 2020 por no traer cubrebocas. Seis años para una sentencia. La justicia mexicana no es lenta: es contemplativa. Llegó tarde, sí, pero llegó, que en la estadística nacional es prácticamente un milagro guadalupano.
Y en Puerto Vallarta, otra clase de milagro: tras casi dos años de gobierno y 'fuertes presiones', el alcalde anunció haberse dado cuenta de que sus asesores no funcionan. Dos años. Hay matrimonios que se divorcian más rápido. De remate, recortó nómina para ahorrar 43 millones, acusó 'guerra sucia' a una regidora y le echó la culpa a la administración pasada, completando así el triatlón clásico del político mexicano: descubrir el problema tarde, endosárselo al de antes y cobrar el aplauso por resolverlo.
Cierre patrio, pues: banderitas al viento —cuidado, que en Jalisco hasta eso puede costar multa si le tapa la visibilidad—, pozole de alta gama, agua con propiedades de yacimiento y una justicia que, cuando quiere, tarda apenas un sexenio. Viva México, señores. Y víveres, si el gasto alcanza.
El gobernador salió al balcón a dar la arenga 'sin alusiones de tipo político ni mensajes a ninguna autoridad', detalle que los reporteros subrayaron con ternura, como quien anota que el niño esta vez no rompió nada. Vitoreó a los héroes, vitoreó a las niñas y niños de Jalisco, y se guardó cualquier otra cosa para febrero. Es la nueva modalidad del Grito: patriótico, familiar y jurídicamente inofensivo.
Abajo, entre la multitud uniformada con la playera del Tri —esa que hace unos meses servía para sufrir en el Mundial y hoy sirve para sentirse mexicano sin gastar en traje de charro—, el pueblo cantaba. Cantaba, entre otras cosas, aquello de 'un extraño enemigo' sin tener del todo claro quién es Masiosare, que es justo el nivel de certeza histórica con el que este país celebra casi todo.
Y mientras arriba tronaba la pirotecnia, en Zapopan las autoridades tronaban una granja clandestina… de criptomonedas. Así como lo lee: en una finca de Lomas de Tesistán, con cableado industrial y computadoras a destajo, alguien había montado una mina de monedas virtuales. Uno imaginaba las criptomonedas como algo etéreo, de la nube; resulta que la nube tenía dirección, medidor de luz y, presumiblemente, un recibo de la CFE capaz de hacer llorar a un banco central.
Del agua mejor ni hablamos, pero hablemos. Un análisis detectó metales pesados —plomo, mercurio, aluminio, cromo, hierro— en el suministro, y ya van mil 548 quejas ante la Comisión de Derechos Humanos por la calidad del líquido. Es decir: el tapatío promedio ya no toma agua, toma tabla periódica. Beba usted directo de la llave y estará ingiriendo, en un solo vaso, medio temario de química de secundaria. Lo venden como hidratación; nosotros lo llamamos suplemento de hierro con extras minerales.
Para acompañar ese coctel geológico estaba el pozole, coronado este año como el platillo más caro de la cena patria. Bajaron el cerdo, el maíz y la cebolla, dicen, y aun así servir un pozole decente exige un pequeño rescate financiero familiar. Celebrar la Independencia económica de México cuesta, hoy, aproximadamente una quincena. Ironías de la patria: nos independizamos de la Corona en 1810 y seguimos dependiendo del precio del maíz.
En el terreno de la ley, por fin cerró —seis años después— el caso Giovanni López: un expolicía de Ixtlahuacán de los Membrillos fue sentenciado a 14 años por aquella detención de 2020 por no traer cubrebocas. Seis años para una sentencia. La justicia mexicana no es lenta: es contemplativa. Llegó tarde, sí, pero llegó, que en la estadística nacional es prácticamente un milagro guadalupano.
Y en Puerto Vallarta, otra clase de milagro: tras casi dos años de gobierno y 'fuertes presiones', el alcalde anunció haberse dado cuenta de que sus asesores no funcionan. Dos años. Hay matrimonios que se divorcian más rápido. De remate, recortó nómina para ahorrar 43 millones, acusó 'guerra sucia' a una regidora y le echó la culpa a la administración pasada, completando así el triatlón clásico del político mexicano: descubrir el problema tarde, endosárselo al de antes y cobrar el aplauso por resolverlo.
Cierre patrio, pues: banderitas al viento —cuidado, que en Jalisco hasta eso puede costar multa si le tapa la visibilidad—, pozole de alta gama, agua con propiedades de yacimiento y una justicia que, cuando quiere, tarda apenas un sexenio. Viva México, señores. Y víveres, si el gasto alcanza.