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El Destiempo

La noticia, pero a destiempo — sátira y opinión sobre la prensa local de México.

Edición Nacional 8 de octubre, 2026
Jalisco • Nota • 16 de septiembre de 2026

Vallarta descubre, a los dos años, que sus asesores asesoraban de adorno

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Vallarta descubre, a los dos años, que sus asesores asesoraban de adorno
Hay revelaciones que sacuden a un pueblo entero. La de esta semana en Puerto Vallarta fue casi filosófica: después de casi dos años al frente del Ayuntamiento, el alcalde Luis Munguía cayó en cuenta de que sus asesores no funcionan. Dos años. Veinticuatro meses de nómina, café y juntas de trabajo para llegar a la misma conclusión a la que cualquier vecino habría llegado en la primera semana, con solo hablar a la presidencia a reportar un bache.

El hallazgo, eso sí, no llegó solo. Llegó acompañado —como toda epifanía en la política mexicana— de un recorte oportuno: una modificación a la partida de servicios personales para adelgazar la estructura y ahorrar 43 millones de pesos. Es decir, el alcalde descubrió que le sobraba gente justo en el momento en que le convenía descubrirlo. La austeridad es esa virtud que a los gobiernos les nace siempre a la mitad del camino y jamás al principio, cuando todavía había cargos que repartir.

Pero un político no sería político si cargara la factura él solito. Así que Munguía redondeó la jugada con dos clásicos infalibles del cancionero nacional. Primero, apuntó a la administración pasada, la de Luis Michel: la crisis, dijo, viene de atrás. Traducción libre: el hoyo ya estaba, yo nomás lo encontré. Segundo, cuando una regidora sacó documentos sobre la nómina municipal, el alcalde no discutió las cifras: acusó 'guerra sucia' y, con cara de estadista ofendido, pidió 'congruencia'.

Congruencia. Palabra bellísima. En boca de quien tardó dos años en revisar su propia nómina, adquiere un valor cómico que ningún comediante alcanzaría ni con guion. Porque si de congruencia hablamos, habría que empezar por explicar cómo un gobierno se entera de que su equipo no jala apenas cuando llegan las 'fuertes presiones' y no, digamos, en cualquiera de los seiscientos días previos.

Al final, el vallartense de a pie se queda con el resumen ejecutivo de siempre: pagó dos años de asesorías que no asesoraron, verá cómo se ahorran 43 millones que quizá nunca debieron gastarse, y de propina presencia el número de magia en que el responsable se transforma, ante sus ojos, en el heroico descubridor del problema. Es el triatlón perfecto del funcionario mexicano: detectar la falla tarde, endosársela al de antes y cobrar el aplauso por resolver lo que él mismo dejó crecer.

Viva la Independencia y, sobre todo, viva la de Vallarta respecto de sus propios asesores. Más vale tarde que en el tercer año.